martes, 31 de diciembre de 2013

¡Feliz 2014!

Un rato cualquiera, en casa, mientras friegas los cacharros del desayuno, haces la cama o pones una lavadora, puede dar para pensar. Digo yo que no está mal pensar y que casi siempre es bueno.

A pocas horas del final del año lo mundano y rutinario se reúne con lo ideal y más deseado. Lo uno estuvo y estará presente en cientos de hechos y acciones; lo otro, proyectado en nuestra mente, nos invitará a concebir nuevos días. Y mucho mejores.

En los próximos doce meses habrá tareas aburridas, anodinas. Muchas, me temo. Espero, de todas formas, que entre ellas estén también otras estimulantes y sorprendentes.

Ojalá que el Nuevo Año nos invite a sacar de entre las ideas y los deseos todo aquello que nos haga felices.

¡Pensemos en un feliz 2014!

viernes, 27 de diciembre de 2013

La San Silvestre

Amor

Aquella mañana invirtió más tiempo que nunca en ponerse las zapatillas. Necesitaba ajustarse los cordones perfectamente, ser consciente de cada lazada, de cada nudo. Sus pies, calzados al fin, revelaban que la energía alcanzaría sus piernas como nacida de un motor de explosión. En su cabeza, el ritmo de una canción imaginada comenzaba a mezclarse con la vislumbrada cadencia de sus zancadas sobre piedras y asfalto.

La carrera no había empezado aún y no sabía si lograría mejorar su marca de la Navidad anterior, aunque sí tenía claro algo: que obtendría un hermoso premio.

La noche previa, cuando su madre le dijo por teléfono “nos vemos en la meta”, sintió en el estómago una dulce punzada que se dilató hasta abrazarlo por completo.

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El año pasado acudí a Vallecas para celebrar el fin de año junto a quienes corrían en la San Silvestre. Pasé mucho frío, pero disfruté del ambiente y del ánimo de todos en torno a la meta. Este relato intenta recoger algo del espíritu de dicha carrera popular, tal vez el de alguien que participó, quizás el de alguien que la correrá este año.

sábado, 21 de diciembre de 2013

Cuento de Navidad

Un poco de luz

En muchos hogares era ya tradición poner el árbol o el belén durante el puente de primeros de diciembre, así que los padres de Inma acordaron que esa costumbre tuviera en su casa una mayor razón de ser.

Cada año, cuando llegaba el día de su santo, la niña era la encargada de decorar con bolas y cintas un árbol que, al igual que ella, iba creciendo y cambiando. Todos los adornos le parecían preciosos y los colgaba con mimo. Pero lo que de verdad le gustaba a Inma era colocar las luces entre el frondoso verdor.

Desde que comenzó a distinguir las formas y los colores, le habían fascinado las luces de todo tipo. Las de su árbol de Navidad habían pasado de llamar vivamente su atención cuando contaba sólo unos pocos meses de edad a ser lo más excitante en lo que poder fijarse. Se quedaba larguísimos ratos embobada con aquellos puntos luminosos que saltaban de rama en rama y que, por momentos, se detenían y parecían incendiar con solemnidad su rincón favorito.

A todos les enternecía aquella imagen de la niña, sentada frente a la humilde pero brillante obra que ella misma creaba con tanta ilusión.

Ese año, sin embargo, las cosas no podrían ser como otros. Hacía tiempo que sus padres habían perdido sus trabajos y en casa no se debía hacer ningún gasto de más. Del mismo modo que las preocupaciones no se marchan de la mente, las facturas se apilaban sobre una mesa y tampoco desaparecían de ella. La niña sabía que tenían que prescindir de muchas cosas, incluso del calor de la calefacción.

A pesar de todo, cada tarde sus papás cogían a Inma de la mano y la conducían junto al abeto que también este año ella misma había engalanado. “Vamos, cariño, enciéndelo”. Entonces, la pequeña, tras confirmar en sus gestos ese consentimiento, pulsaba el interruptor y su rostro se iluminaba como un sol.

Era el momento del día en que los mayores se evadían de tanta angustia y, acurrucados bajo una gruesa manta, gozaban al observar aquellos ojos encandilados.

Su hija, tras un momento que a cualquiera le habría parecido muy breve pues, de hecho, lo era, apretaba de nuevo el botón. "Ya está, ¡ha sido increíble!"

Y en la recién recobrada penumbra, Inma se abalanzaba sobre sus padres y los estrujaba en un cálido abrazo.

miércoles, 18 de diciembre de 2013

El Palacio Arzobispal de Alcalá

Es difícil tomar conciencia de todas las maravillas arquitectónicas que se han perdido en nuestro país por la guerra, la desatención y la nada escrupulosa especulación urbanística.

En Alcalá de Henares existió durante unos quinientos años uno de los más grandiosos palacios renacentistas de que se tiene constancia en España. Se trataba del Palacio Arzobispal, que se erigió sobre la construcción ya existente desde el año 1209 de una fortaleza mudéjar. Durante siglos, fue ampliado, fortificado y completado hasta convertirse a mediados del siglo XVI en una obra magnífica.

En el siglo XIX sus muros interiores fueron revestidos de estantes que pasaron a albergar el Archivo General Central, reuniéndose dentro del edificio una ingente cantidad de documentos históricos.

Es triste saber que, aparte de algunos daños, durante la Guerra Civil (1936-1939) el Palacio Arzobispal no sufrió graves destrozos pero que, sin embargo, ya finalizada la contienda, el edificio cayó pasto de las llamas en un tremendo incendio que lo devastó.

Ayer asistí a la presentación de un proyecto de recuperación virtual del Palacio. El trabajo de investigación es magnífico y el de reconstrucción digital, soberbio. Se trata de un sorprendente paseo por sus dependencias y patios en una mañana de primavera que me lleva a envidiar la suerte de quienes pudieron conocerlo antes de su desaparición.

Con el Palacio Arzobispal se perdió un edificio único, pero también se esfumaron miles de legajos de gran valor documental. Nuestro patrimonio, nuestra historia, merecen mucha más atención de la que se les ha prestado durante décadas. Hoy, aunque sea sólo de un modo vicario, podemos visitar una joya que quizás algún día pueda volver a levantarse sobre sus escombros. Aunque tal como están las cosas...




martes, 26 de noviembre de 2013

Trenes

Antes, hace meses ya, los echaba de más. No puedo evitar usar de prestado esa expresión de la canción Echo de menos de Kiko Veneno.

Habían sido muchas horas. Durante muchos años. Un vaivén diario, con cadencia repetida. Hasta la saciedad.

Un par de meses atrás he vuelto a frecuentarlos. Cuatro días a la semana. Trayecto de ida por la tarde. El de vuelta, también.

Un tramo con el mismo destino de siempre. Otro tramo, usado y abusado en el pasado, quedaba eliminado. Ya no era necesario llegar más allá.

Hoy echo de menos la monotonía, las rutinas en su interior, los rincones acostumbrados. También los retrasos.

Hoy vuelvo a añorar subirme a ellos.

viernes, 22 de noviembre de 2013

Goth Girl

It's been years since I haven't read an illustrated book. I also must admit that Chris Riddell was an unknown cartoonist to me, even though I had already seen some of his drawings without knowing they were his. In fact, I love drawings and pictures, so this work is one of those great opportunities to admire fantastic illustrations made by the same author of the story. And this story has been so beautifully published, that you handle it somehow like a jewel to keep on your favourite bookshelf.

Ada Goth lives with her father, Lord Goth, who compels her to wear a pair of huge noisy boots in order to be heard and not seen in his vast mansion house. Apart from that annoying issue, Ada will soon get into an investigation which is going to make her life far more exciting. From the moment she meets Ishmael, the ghost of a mouse, Ada will have the chance to inspect some of the unexplored spots of the house. She is also going to meet a bunch of new people and creatures, who will collaborate on figuring out what someone is plotting in relation to an important event that will soon be held there.

Brilliantly planned and full of excitement, exquisitely well chosen situations and smart details, I'm sure that children will love Goth Girl's pictures and its nutty details, but also grown-ups, as it is crowded with lovely references to History, Arts and Literature. Even if the plot was not so interesting to them, it wouldn't be hard to find many delightful niceties to keep on turning pages.

I definitely enjoyed the quirky humour and, again, the illustrations. I often went to the aerial view of Ghastly-Gorm Hall and its gardens  -displayed in the first pages-,  which becomes a fantastic way to keep well located in the property. It's a pity though that Ishmael, the ghost mouse, doesn't appear in the story as much as it might be expected, but the character really is a goal anyway. Nevertheless, you end up finding a great surprise at the end, or a teeny-weeny one, as it reads on the back of this lovely book!

www.bookdepository.com/Goth-Girl-Chris-Riddell/9780230759800/?a_aid=misafueras
 

jueves, 21 de noviembre de 2013

Lo que queremos

Una profesora aparece en la tele, en mitad del desarrollo de una clase. Con una pizarra a sus espaldas, se presenta abstraída, esperando, tal vez, la respuesta rezagada de alguno de sus alumnos a una supuesta pregunta. No sería mucho suponer que la maestra estuviera pensando, quizás, que le encantaría estar en otro sitio, puede que dedicándose a otra cosa.

Un policía dirige el tráfico de hora punta en cualquiera de las rotondas de mi barrio. Movimientos mecánicos, repetidos ya con alienación. No es raro que se me pase por la cabeza una cuestión similar: sus sueños no parecen estar ahí.

Al otro lado de un ventanal varios oficinistas teclean frente a unas pantallas de ordenador. Al observarlos mientras paso caminando, intento imaginar cómo sería atrapar todos sus santos, que, sospecho, se elevan veloces en el cielo.

A veces, cuando veo a algunas personas en su entorno profesional, me pregunto si éso que están haciendo es lo que siempre les habría gustado hacer.

Sin duda, es pretencioso por mi parte fantasear sobre los deseos o ambiciones de personas a las que no conozco. Sin embargo, a todos nos ha sobrevenido en ocasiones una sensación de zozobra mientras hacíamos algo pero hubiéramos querido estar ocupados en otra cosa muy distinta.

En fin, sospecho que es un rasgo humano aspirar a descifrar los gestos, las acciones, los semblantes, y hallar en alguna de sus trazas su verdadero significado.

miércoles, 20 de noviembre de 2013

Mi nevera

Tengo una nevera considerada. Y no es que el aparato tenga ese nombre, como podría ser otro del tipo arcón, o de la variedad no frost, o tal vez de la clase energética A+. No. Más bien me estoy refiriendo a la actitud de la susodicha. Mi nevera ha sido  -y, de verdad, no es porque sea mía-  muy considerada, averiándose justo cuando ha llegado el frío. ¿O acaso no es eso ser obsequioso y honrado?

Otros frigoríficos no son tan respetuosos, ¡qué va, para nada! Los muy traidores se paran justo cuando más los necesitas, dejándote tirado precisamente mientras los calores estivales requieren de ingentes cantidades de bebida fría y los alimentos no pueden pasar más de dos minutos fuera de una cámara.

Pero mi nevera ha sido respetuosa, delicada. La pobre ha sufrido su dolencia en silencio hasta que ha sabido que podía desplomarse al fin. Durante su baja, la terraza ha ejercido como excelente aliada, acogiendo a buena parte de sus inquilinos. Y, oye, no hay nada como tener en algún lugar de la casa un espacio que no supere los 10ºC en momentos de crisis orgánica. Nunca había tenido un frigorífico tan grande, ni la terraza había lucido aderezos de tan variados colores, sabores y olores.

Tras la visita del médico, después de ser operada con una buena dosis de gas y de soplete, la convaleciente comienza su recuperación. Parece lenta, aunque firme. Presenta síntomas de mejoría, como el renovado sonido del compresor  -más enérgico que antes, dónde va a parar-  o el fresquito que noto cuando meto las narices en su interior. Digo yo que la cirugía ha dado sus resultados y que el doctor habrá aplicado en ella lo mejor de su ciencia.

Ahora llega un capítulo delicado. Veremos cómo le sienta a la terraza que le robe todo lo que alberga. Y qué tal le viene a la nevera que la atiborre de cosas otra vez.

jueves, 24 de octubre de 2013

A Bright Moon For Fools


A debut novel is not always expected to be a rewarding read. This one, though, is centered in a fascinating character who makes it an outstanding first novel.

After having robbed a woman all her money, Harry Christmas has fled to Venezuela. He wants to be far away from ‘the Rot’, which is all that makes his country and the entire world unpleasant to him. He also aims to get to the beach of Guiria, a place he and his deceased wife wanted to visit together. His plan is to read poetry for her.

The stepson of the cheated woman, some sort of a psychopath who wants revenge on him, travels to Caracas and gets close behind him. This will cause serious difficulties to Christmas, who will betray some people he meets just because he is not capable to take control of the events. 


Harry Christmas is outspoken, irreverent, disrespectful and a big liar. He is a rogue (somehow in the old style) who lives at the expense of others and indeed a repulsive character, but a fascinating one at the same time. I couldn't care less about what happens to him, but I get caught by his lurching back and forth and appreciate his tender aspect as I get to know more details of his bereavement. In fact, Christmas has not overcome his wife and daughter’s dead and, as a result,  appears to act in anger against the world. I end up feeling sorry for his reprehensible behaviour and binge drinking, which only brings more trouble to him.


In the first part of the novel, while reading on the things he can't stand I enjoy the way Jasper Gibson observes our civilization in a humorous, sometimes hilarious, manner. Some parts of the book become hard to follow as the author begins telling the main character's dreams. It is also difficult to enter the personality of Slade, the furious stepson, who is much more an archetype of an evil individual than a genuine cruel person.

Still, A bright moon for fools is fun and many times you think it's worth getting to the end, which is not too bad at all.

www.bookdepository.com/Bright-Moon-for-Fools-Jasper-Gibson/9780957468108/?a_aid=misafueras

lunes, 21 de octubre de 2013

La sinfonía


Habían atravesado la capa de nubes y un sol radiante bañaba todo el interior del avión. En el magnetófono, la Heroica había sonado lánguida hasta que la claridad despertó a los metales y, tras ellos, al resto de la orquesta. Aunque a los tripulantes les había gustado la idea de poner música, el comandante sintió cierto reparo al aproximarse al destino marcado justo con el final del primer movimiento. Su copiloto esperaba órdenes. También lo hacían su navegante, su ingeniero y su operador de radio. El sol deshacía el ruido de los motores dentro de la cabina. “¡Adelante, señores!”. Ahora intervendrían los artilleros y el bombardero.

Sobrevolaban Berlín cuando la marcha fúnebre comenzó.

(Relato enviado al I Concurso Internacional de Microrrelatos de Prisa Radio. La primera frase es la que da fin a la novela de Mario Vargas Llosa, El héroe discreto).

viernes, 18 de octubre de 2013

Las niñas y las bicis

Una niña, Wadjda, madura como pocas en Riad, decide que quiere una bicicleta, algo que les está vetado a las mujeres porque algunas mentes retorcidas un día decidieron que no es un juguete apropiado para las niñas. Ante su incomprensión de muchos de los aspectos del entorno islámico en el que vive, Wadjda, de 10 años, se rebelará a su manera y luchará por ser libre.

La primera película dirigida por una mujer en Arabia Saudí se ha atrevido a exponer con valentía que en aquella sociedad fallan muchas cosas. Dar independencia a las mujeres y apartar tantas y tantas trabas es la clave del cambio en muchos países como el suyo. Ayer, viendo La bicicleta verde, de Haifaa Al-Mansour, supe que en lugares donde muchos se empeñan en interpretar el Corán de una forma desfigurada (desgraciadamente, todos en los cuales el islam es la religión mayoritaria), también existen personas que relajan sus ojos sobre la religión y los enfocan en sus ilusiones e intereses. Son espíritus libres, como el de Wadjda, o espíritus que se plantean un cambio, como su madre, a la que su padre ha repudiado porque no podrá tener hijos y, por tanto, nunca estará en condiciones de darle un hijo varón.

Podría decirse que esta niña lleva a cabo una rebelión espontánea contra lo que no entiende, lo que para ella no es ni sensato ni claro. Podría describirlo de muchas formas: normas sociales que hacen infelices a muchas personas o las convierten en zombies sin voluntad, imposiciones impenetrables, ceños arrugados ante una muestra de humanidad o el asomo de un milímetro de singularidad. Todo eso es lo que empobrece al pueblo que queda sometido a la arbitrariedad más trastornada.

En fin, admito que, de niño, no era tan frecuente ver niñas montando en bici como lo era ver a niños. Puede que esta sociedad española en la que vivo tuviera entonces algo que ver con la que me encuentro en esta película. Puede que aquí también fallasen muchas cosas. Antes y ahora.

viernes, 27 de septiembre de 2013

La ronda en el Rijksmuseum


La foto no tiene una calidad excelente, dada la escasa pericia de su autor para mantener exposiciones largas con una cámara compacta. Aun así, me gusta su composición casual y el foco que conduce la mirada hacia el maravilloso fondo del corredor.

Ese foco no es otro que uno de los cuadros más impresionantes del mundo. Uno sabe que va a poder verlo allí, en ese museo, aunque no espera encontrárselo expuesto de esa forma tan brillante. Por eso, estar dentro de esta gran sala es una gran suerte. Tienes una de tus pinturas favoritas a golpe de vista y, sin embargo, prefieres ir deteniéndote en otras fantásticas obras que vas encontrándote de camino. Podrías avanzar hacia ella directamente, pero intuyes que lo bueno es disfrutar de otros cuadros con la promesa a tu alcance de un delicioso maná.

La ronda de noche no es, ni mucho menos, una ronda nocturna, sino una escena que se desarrolla en un interior plasmada por Rembrandt sobre un lienzo. Cuando, tiempo después, fue denominada así, dicho lienzo tenía encima tanta mugre que para cualquier observador era indudable que allí se había hecho de noche.

Ahora los interiores ya no son tan oscuros, salvo que se desee que lo sean, y en esa sala de pintura holandesa la luz es la idónea, aunque a mí me cueste adaptarla a las funciones de mi cámara. El Rijksmuseum siempre ha sido un buen lugar para estar pero, últimamente, después de las obras de renovación, es uno de los mejores lugares para estar.

lunes, 23 de septiembre de 2013

El gusano de la patata

Hoy, de primer plato, puré de verduras. Cebolla, ajo, zanahoria, apio, calabacín, tomate y patata. Le pongo sal, pimienta y mi toque personal: un poco de curri suave. Aparente normalidad en la superficie de la patata que me dispongo a pelar para, después, trocearla y cocerla con todo lo que ya está en la olla. Tan sólo observo unos puntos negruzcos que no parecen síntoma de nada grave.

Comienzo a retirar la piel del tubérculo y ahora, en el amarillento y más jugoso interior, resaltan unos ojos negros que parecen mirarme. Intento apartarlos con una puntilla pero no lo consigo del todo. Entonces corto un pedazo y, ¡oh, sorpresa!, aparece un gusano. Queda totalmente fuera de su guarida y titubea moviéndose de un lado a otro, cabeceando tembloroso, como deseando que, a falta de cerebro, un buen instinto le lleve con rapidez a un nuevo escondite.

No creo que el bicho me vea ni alcance a imaginar que soy el causante de su repentino desamparo. Miro la galería de la que ha salido y la secciono con el filo del cuchillo. Tiene su principio y su final dentro de la patata. No hallo indicios de entrada hasta el túnel-vivienda: es como si el tubérculo hubiera engendrado a su ocupante a partir de su propia materia y se hubiera prestado a ser comido para darle albergue.

Las últimas patatas que compré lucían una pinta similar a la de esta. Desconozco su placa de identidad (tal vez fueran Monalisa, Ágata, Caesar, o vaya usté a saber...), aunque, de llevarla, supongo que la portarían atornillada por medio de ojales negros en los que se alojarían, tal vez, unos cuantos inquilinos más.

Y entonces me pregunto si habré frito o cocido algún gusano de la patata y si, como resultaría evidente, ya lo habré ingerido.

miércoles, 4 de septiembre de 2013

Solo en el mundo

¿Qué decir de Solo en el mundo? Comenzaré diciendo, aunque no esté del todo bien, que me ha gustado. Es una novela única que refleja la vida tal como acaecía hace años en Trípoli, donde sus ciudadanos vivían fervientemente a favor de sus gobernantes, o irremediablemente sometidos, o revueltos clandestinamente contra ellos, reclamando una Libia mejor, una Libia libre.

Solimán, un niño de nueve años, comienza a coexistir con los misterios de la vida adulta y la terrible realidad de su país. Para alguien de su edad, convivir con traiciones, visitas intrigantes, desapariciones anunciadas de vecinos y juicios sumarísimos televisados es algo desconcertante. En casa, su padre, hombre de negocios y opositor del régimen de Gaddafi, se ve acorralado por los agentes del dictador. Por otra parte, su madre, doblemente atrapada en un matrimonio que no eligió y en un mundo del que se abstrae gracias al alcohol, añora una vida libre. Sin darse cuenta, tal vez llevado por la sinrazón que le rodea, los juegos de Solimán alcanzarán un punto siniestro. Sin alcanzar a prever las consecuencias, intervendrá terriblemente en los hechos que cambiarán el destino de su familia.

Me admira, de entrada, la sensibilidad y precisión con que Hisham Matar narra en ésta, su primera novela. Resulta estimulante recorrer junto a su protagonista los rincones de sus juegos, auténticos reinos particulares dentro de la casa de sus padres, aparte de la calle donde él y sus vecinos construyen sus fantasías. Por otra parte, disfruto con la complejidad de voces que en ciertos pasajes puebla los discursos interiores del protagonista y la contradicción que para él es desasosegante aunque no paradójica. Me ha gustado aprender sobre esos años oscuros de la Libia más deplorable y sobre el funcionamiento de los mecanismos del terror en un régimen monstruoso.

Esta historia arranca en un escenario soleado, mediterráneo, heredero en ciertos sentidos de la colonia romana que fue buena parte del territorio libio. Hallaremos en ella, sin embargo, un país herido por el terror y el fanatismo. Gaddafi y sus militares han creado una red que controla cualquier conato de traición a su ‘revolución’, que plaga de espías todos los rincones, agazapados frente a hogares, fábricas y universidades, a la escucha de cualquier voz temible.

jueves, 29 de agosto de 2013

Tomo nota

Me fascina saber cómo cada uno se las apaña para tomar sus notas.

Durante muchos años, aquéllas que no debía correr el riesgo de olvidar iban a parar a mi mano. ¡Sí, a mi piel! Como diestro no ambivalente, algo sin remedio ya, mi tatuaje quedaba localizado sobre la base del pulgar de la zona dorsal de la mano izquierda. Aquéllo era mejor que en la palma, pues no podía permitir que el sudor deshiciera el garabato, a pesar de ser perpetrado con tinta difícil de lavar.

Después, cuando tener una cierta edad empezó a conllevar la vergüenza de lucir la mano pintarrajeada, cualquier papelito pasó a ser de lo más socorrido. Un tícket de la compra, el pedazo de una hoja de calendario ya arrancada, la esquinita de una página del periódico ya leído, la solapa del sobre de una carta del banco que iba directo a la basura, un billete de tren usado, o de avión, o de autobús; una entrada de cine... Era toda una alegría (lo sigue siendo) dar con algo similar cuando aprieta la necesidad de apuntar.
Con el tiempo, dado que los papelitos se los lleva el viento tan ligeros como las palabras, o acaban deshechos dentro del bolsillo no revisado de un pantalón echado a lavar u olvidados vaya usté a saber dónde, he terminado sospechando que las libretas están para algo.

Y aquí llega el dilema: ¿llevar una siempre encima o esperar a llegar a casa para volcar en ella todo lo anotado en esos utilísimos papelitos? Los lomos de las libretas tradicionales son rígidos, a veces incómodos a la hora de guardarlas. Las espirales y canutillos abultan más de la cuenta, se enganchan en las costuras de la ropa y se clavan en el cuerpo. Las que van pegadas en por la parte superior son incómodas a la hora de pasar las páginas: obligan a cuidarse de que éstas se le echen a uno encima mientras escribe.

Llevo tiempo fijándome en cómo cada cual hace lo propio con sus apuntes... ¡Voy tomando
nota de todo!

miércoles, 21 de agosto de 2013

Los apuntes de un viaje

"Me gusta su recibimiento, con ese precioso saludo ritual. Las azafatas son guapísimas y muy elegantes. Tal vez, si les decimos que nos encanta como visten, nos regalen la mantita morada..."

Hoy rescato de entre un montón de papeles el conato de un diario de viaje. Está hilvanado a lápiz sobre la magnífica superficie satinada de un taco de bolsas para vómito (no sé llamarlas de una forma más fina) de la Thai Airways. Ahora leo las palabras que escribí y, con pena, pienso que un diario incompleto es como un pedazo de vida suelto, algo así como una naturaleza errante y errada.


El mencionado intento de bitácora resultó doblemente frustrado. Primero, porque quedó reducido al relato de un trayecto de ida, las notas acerca de uno de los días pasados en Bangkok y unas pocas líneas más, escritas durante el vuelo de vuelta. Y, segundo, el diario se frustró porque ahí sigue, a la eterna espera de ser rescatado del abandono. No dejan de ser unas notas sueltas en un papel adornado con una singular magnolia en sedoso púrpura.

Un buen cuaderno de viaje hubiera requerido, para empezar, ser éso: un cuaderno. Es difícil cohesionar un conjunto de pasajes sin la intervención de un poco de hilo y unas grapas. Además, pasar de tener únicamente un puñado de apuntes a disponer de un buen diario exige la dedicación y el compromiso que yo me dejé en el tintero. Habría sido bonito conservar el recuerdo de templos y ruinas siamesas plasmado en unos bocetos rápidos (y torpes, seguro), aparte de retenido en cientos de archivos digitales que hoy reposan bajo la lápida, también digital, de una carpeta guardada en un disco duro. Por supuesto, habría gozado relatando muchas experiencias, concretándolas en la secuencia numerada de unas cuantas páginas.

Pero nada de eso ocurrió y estas notas enmarcadas en morado, "Thai, smooth as silk", permanecerán así, tal cual se ven, en el limbo insustancial de los proyectos mal improvisados.

sábado, 17 de agosto de 2013

Vergüenza de Europa

Hace dos años, cuando en Egipto Mubarak fue derrocado, los consentidores y valedores de treinta años de dictadura, a saber, Estados Unidos y, cómo no, mi querida Europa, escenificaron algo así como la regresión de una ceguera que les había impedido ver qué clase de amigos habían tenido durante tanto tiempo.

Tras la caída de ese régimen aliado esta Europa sonrojante, menos mal, no se interpuso para que allí llegase a haber un presidente electo. Lo triste, sin embargo, es que desde aquí nadie se aseguró de que nada, como, por ejemplo, un golpe de los militares, truncase la realidad democrática en el país africano.

Hay y habrá muchas críticas contra la victoria de los Hermanos Musulmanes en aquellas elecciones, pero la verdad es que éstas se produjeron y que el pueblo pudo decidir con sus votos. También es cierto que el islamismo ganó terreno en un país que no parecía querer basar su futuro en un modelo de injerencia religiosa en la vida civil. Por si éso fuera poco, la Constitución que se legitimó no dejaba de ser una Carta deficiente que el presidente Morsi se negó a tratar de mejorar.
Cuando Egipto ya se encuentra al borde de la guerra civil  (algo terrible de lo que ningún país acaba de recuperarse nunca...),  con miles de ciudadanos por caer y la sangre de los que ya han muerto corriendo aún, estadounidenses y europeos se echan las manos a la cabeza, denunciando la brutalidad del ejército y la desproporción de su intervención. Y todavía hoy, con Morsi arrestado y el estado de derecho suspendido, esta Europa que ruboriza hasta al más pintado dice que allí no ha habido un golpe de estado y, cómo no, una vez más se sacude de encima la obligación de trabajar para que los egipcios lleguen a vivir en un país libre algún día.

Parece que todo da excusas a Europa para meterse donde no la llaman o desentenderse de lo que no le conviene. En el caso de 2011 fueron las 'revoluciones árabes'. Ahora es la falta de evidencias...

¡Qué lamentable! Me avergüenzo al mirar hacia este tinglado político del que, supuestamente, y según para qué menesteres, España forma parte, aunque eso no me abochorna menos que vivir en un país que da pábulo a tanto cinismo.