martes, 12 de octubre de 2010

Atardecer en la Caleta

Corren. A tramos, cogidos de la mano. Otros, se sueltan para avanzar más rápido y sortear personas, cosas. Se les ha hecho algo tarde, aunque tal vez todavía lleguen a tiempo.

Tropiezan. Se equivocan de dirección, de calle; corrigen al instante. La ciudad es aún desconocida. Baten el empedrado, dejando a un lado y a otro las viejas casas de los comerciantes con sus torres vigía, altos testigos de la llegada de barcos cargados de riquezas. Quedan atrás frescos portales, boca de exquisitos patios donde aquellos tesoros se degustaban transformados en manjares, o se admiraban en forma de ricos vestidos.

El tiempo vuela. Oyen latir sus respiraciones aceleradas y resonar las voces lejanas de la Gadir fenicia, la Gades romana. Al final de una calleja vislumbran la luz y sus colores virados. Por fin pueden tomar aire. Sólo resta un último esfuerzo.

El sol que les ha quemado durante el día se esconde ahora. Corren hacia su final rojo. Y, en la playa, lo ven desangrado.

3 comentarios:

Gustavo dijo...

Daniel: Vuelves y con una carga poética innegable. Cómo te ha ido?. Abrazo y me alegra saber que estaremos en contacto.

Daniel Buitrago dijo...

Gustavo! Todo bien tras esos días fuera, tan necesarios y siempre escasos. Me alegra volver. También el reencuentro.

Un abrazo.

Anónimo dijo...

Hacía tiempo que no veíamos un cielo así, ¿verdad?
TQM La que corre a tu lado.BSS