sábado, 3 de julio de 2010

La desconocida

Cafetería en traslación. Sorbos con vistas a cosas que se escapan. Cada día suelo llegar al trabajo en tren aunque eso, pienso, no es viajar. Sólo es transportarse.

Hoy, sin embargo, voy en otra clase de tren, uno que me brinda el lujo de poder tomar el desayuno en marcha. Mientras lo disfruto una mujer se aposta a mi lado.

'Le conozco', dice, 'usted y yo hemos ido juntos a todas partes'.

Aparto la taza de mis labios, la miro algo desconcertado y trago con cierta prevención. A estas horas y totalmente despierto ya debería reconocer a alguien con quien, al parecer, tengo tanta familiaridad.

'Cada mañana', se explica, 'los dos subimos al mismo vagón. Todos los días, mientras le observo cabecear, me invento un destino nuevo. Es maravilloso, en tan sólo un rato, y sin equipaje, nos plantamos en cualquier lugar del mundo'.

Permanezco pensativo, como queriendo prolongar mi café, privilegio que raras veces puedo permitirme. '¿Y hoy?', acabo preguntando tras un silencio.

'Hoy es distinto', responde con una sonrisa de satisfacción: 'hoy llevamos maletas'.

 

2 comentarios:

Gustavo dijo...

TRENES, VIAJES...UNA CONSTANTE, PARECE. HE ESCRITO POCO SOBRE ELLO. PERO ESTE POST, DANIEL, ME HIZO PENSAR EN QUE VEMOS, QUIEN NOS MIRA, QUE SUPONE O IMAGINA EL OTRO DE UNO...ES SABADO Y ACABO DE LLEGAR DE LA PRESENTACION DE UN LIBRO DE POEMAS "LA GOTA QUE HORADA LOS SUEÑOS", DE MI AMIGA ANA MARIA ODDO. BELLA POESIA Y BELLA GENTE. QUE PASES UN BUEN FIN DE SEMANA. GUSTAVO.

Daniel Buitrago dijo...

Tienes razón: una constante. A veces coincidente con la realidad y otras sólo un anhelo.
Es curioso, sí. ¿Cuántas personas están pendientes de uno sin que uno lo esté de ellas?
He pasado por tu blog. Magnífico prólogo y estupendas amistades, Gustavo.
Muchas gracias por tus deseos, e igualmente.