miércoles, 15 de octubre de 2008

Personas agradecidas

La abuela tiene la enorme suerte de contar con una gran familia. A la mayoría nos tiene muy cerca del lugar donde no le queda otro remedio que pasar unos cuantos días ya. Vamos por allí, unos y otros, queriendo acompañarla y también que se sienta acompañada. Al menos esa es la intención: estar por si nos necesita, para darle toda nuestra ayuda.

Cuando una persona ya no puede expresar bien lo que le pasa, lo que piensa o lo que siente, es muy difícil saber si se hace todo lo que precisaría o querría en cada momento. Te preguntas si le gusta que le hables, que le cuentes tus cosas, o si preferiría que te quedases calladito y, por tanto, más guapo. Los sentidos lo son todo y si éstos se ausentan no estamos completos. A la abuela le faltan algunos trocitos de ese cuadro de los sentidos. No le va a ser fácil recomponerlo, aunque es capaz de darnos muchas sorpresas.

Estoy seguro de que le encantaría poder agradecer todas las atenciones que está recibiendo en el hospital. Frente a su habitación cuelgan de la pared unas cuantas placas. Son doradas o plateadas, montadas sobre una base de madera oscura. Unas reproducen la forma de esos pergaminos reunidos en legajos que tienen los bordes gastados y rotos por el uso y el paso de los años. Otras quedan enmarcadas por motivos vegetales. Alguna de ellas combina el dorado con la plata. Todas contienen textos grabados en letras mayúsculas, cuadradas y formales, o minúsculas, de trazo adelantado y amable.

En todas las placas alguna persona en solitario, o una familia al completo, dan las gracias en nombre propio o en el del paciente por el trato y cuidados recibidos durante el tiempo que ha permanecido ingresado. Superficies pulidas que reflejan la luz o, tal vez, emiten la que nace de esos mensajes agradecidos.

2 comentarios:

aleste dijo...

En el todo de la vida a veces faltan pedacitos, como tú dices. La vamos componiendo de retazos, como un patchwork, y a veces, algunos de esos trozos de tela se cortan, se rompen antes de hora.

Daniel Buitrago dijo...

¿Dónde quedan todos esos trocitos rotos? Ojalá pudiéramos recuperarlos y volver a ponerlos en su sitio.
Muchos besos.