viernes, 13 de junio de 2008

La llamada

Jack viajaba en un autobús urbano. Era lunes. De madrugada. A esa hora Madrid aún dormía y todavía no se habían desperezado las primeras almas para comenzar otra semana más. Se había montado en Cibeles y se dirigía hacia Canillejas, confirmando por el camino que el conductor hacía la misma ruta de siempre. Ninguna alteración sobre lo previsto.

Tercera parada del trayecto. Una chica subió y tomó asiento enfrente de Jack. Le sonrió abiertamente y dejó que su mirada se perdiese hacia el fondo del autobús.

Jack la observó con interés. Advirtió cómo ese gesto amable y momentáneo se había empezado a borrar de sus labios. Sus ojos se estaban entristeciendo, una pena enorme se escapaba de ellos y empezaba a envolverla toda entera. ¿Por qué aquella sonrisa tan hermosa se había perdido en la amargura? Se preguntó Jack al tiempo que su teléfono empezó a sonar. Era una llamada de origen desconocido.

-¿Sí? -atendió. Una voz le dijo al oído algo que llevó su interés de nuevo hacia la chica. Cabeceó asintiendo, sin perderla de vista, como queriendo establecer contacto con ella.

Con el móvil pegado a la oreja, incredulidad ante la situación y mucha cautela, trató de llamar su atención con su otro brazo, el que no sostenía el aparato. Los ojos apenados que antes miró sin que le vieran, ahora se posaban otra vez en él.

-Disculpa. Es que... esta llamada es para ti -la chica mostró su enorme extrañeza y, sin decir nada, tendió su mano para recoger el objeto que Jack le estaba ofreciendo. Se puso al habla.

-¿Hola?

Jack escrutó su expresión. La chica miraba al suelo y también le miraba a él. Sólo le transmitía sorpresa y recelo mientras atendía a lo que alguien le decía a través del auricular.

Parecía un monólogo del que Jack no podía escuchar nada, aunque la cara de su, ahora, invitada empezaba a translucir otro color. Algo de luz iluminaba la cabina del autobús y no provenía de las mortecinas farolas que pespunteaban la calle. Su abatimiento tendía a desaparecer.

Se le volvía a escapar la misma sonrisa que Jack recibió de ella cuando se sentó frente a él, y se la volvía a dedicar completa. Vió en sus ojos un chispazo de alegría que le hacía olvidar la inmensa tristeza que le había transmitido. Era como si su aflicción hubiese quedado aislada en un segmento del tiempo que, afortunadamente, ya estaba enterrado.

-Gracias. Muchas gracias -dijo la chica a su interlocutor. Colgó la llamada, se levantó de su asiento y le devolvió a Jack el teléfono poniéndoselo sobre una mano. Cogiéndole la otra, reunió las cuatro manos, las suyas y las de él, con el móvil arropado entre todas ellas. Ahora estaba feliz y quería que Jack participase de su momento.

El autobús paró, le dió un beso y corrió hacia la salida para alejarse sin mirar atrás. Se la vió doblar una esquina mientras el vehículo marchaba adelante.

Jack atesoraba el aparato entre las palmas de sus manos, encerrándolo como oro dentro de un cofre. Imaginó que ese mismo cofre se abría y la sonrisa recobrada de la chica salía de él llenando todo su entorno de dicha.

Bip bip. Bip bip. Era un mensaje. Nuevamente un desconocido. Se apresuró a leerlo.

"Gracias, Jack. Juntos hemos logrado algo hermoso".

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