domingo, 20 de febrero de 2011

Otra vida en Venecia

Venecia puede ser el mejor lugar para descansar. Eso pensaron muchos cuando la eligieron para hacerlo eternamente y otros tantos que les concedieron su deseo y cumplieron con el ritual. Algún ritual más o menos clandestino.

Cosas que hacer cuando mueras en Venecia...

Como si de las tablas de los mandamientos se tratara, hay un precepto oculto, una serie de decisiones sobre planes que uno desconoce pero está dispuesto a consumar un poco más allá del acá.

En los canales se deja escapar algo de eso que trasciende a la belleza más insoportable. El agua tiene mucho de liberador y libertador del alma, que se escabulle además por las grietas de muros húmedos, oxidados, corrompidos; se filtra en las vetas abiertas de la madera sumergida y se cuela por trampillas en acuático vaivén.

Y renacida en los brillos de cada pequeña cresta de ola puede permanecer, regalarse otra existencia.

Ahora, frente a la cara más prosaica de esta vida, el gobierno de la Serenissima ha decidido convertir esos sueños dorados en tesoro contante y sonante y encauzar las corrientes del deseo hacia otra caja de otros caudales. Ayer las cenizas se esparcían en secreto y los seres queridos, furtivos, partían hacia sus anhelos. El rito carecía de etiqueta y el cortejo se permitía voluble. Hoy la propia ciudad sugiere que lo hagan tras pagar una tasa, bajo el protocolo de una ceremonia instituida, desde el muelle fijado para soltar cabos.

Por tanto, señores, muéranse con la cartera en el bolsillo si quieren una otra vida en Venecia.

2 comentarios:

Gustavo dijo...

No he ido a Venezia, Daniel. Mi familia es italiana. A partir de mi afición por el cine de esa nacionalidad, descubrí la belleza y también la decadencia de una ciudad única. Muerte en V., Venezia rojo shoking, hasta una del 007 se filmó allí; literatura, arte y arquitectura; cine y festivales; humedad, deterioro, magia. Bueno tu comentario y "el datito" por si deseo confundirme con las aguas de algún canal. Afectos.

Daniel Buitrago dijo...

Thomas Mann, Visconti y otros (últimamente hasta Jolie y Depp) no se pudieron resistir a todo eso. Ahora desde Madrid es relativamente asequible un salto. La primera vez, hace ya mucho, en un tour frenético, no me acabó de llenar. La segunda, hace tres años, ya más larga y calmada, me atrapó. Volveré, espero.
Muchas gracias, Gustavo.