miércoles, 29 de mayo de 2013

Momentuitos

Hace pocos meses me creé un perfil en Twitter. Tiene gracia que reniegue de las redes sociales por antisociales pero vaya cayendo poco a poco en ellas.

Por supuesto, más allá de las redes sociales, voy soltando información personal por acá y por allá, confiado de ser sólo un minúsculo sujeto perdido en la inmensidad digital. Me descuido, pues espero que el cálculo de probabilidades se ponga de mi parte en cuanto a los riesgos de ser escogido para ejercicios poco leales.

En Google+ estoy porque parece que el señor de la lupa lo va abduciendo a uno, llevándole hacia todos los mecanismos de descarrío que su emporio ha creado. Apenas le hago caso, supongo, aunque de vez en cuando muerdo de su melaza sin entender aún hasta dónde extiende sus hilos.

Del Facebook no quiero conocer ni la portada. Lo siento por quienes me invitan a formar parte de la sociedad de sociedades a través de mensajes que me prometen todo un mundo feliz... cuando algo me da mala espina, ay, prefiero no correr el riesgo de pincharme.

Y, volviendo a Twitter, éso sí es otra cosa. Será cuestión de colores, como de gustos, pero el caso es que a mí me ha hecho tilín. Llevaba tiempo queriendo insertar una columna en este blog en la que poder ir soltando laconismos sin tener que abrir un post para ello y no encontraba la mejor manera de hacerlo. Por razones ajenas a mi bitácora, cercanas a mi arrebatado entorno laboral, decidí asomarme a un medio en el que se hacen accesibles informaciones relativas a ese asunto. Y, oh, una vez abierta la ventana el baño de luz ha sido muy generoso.

Dedicaré otro post al pajarito y, mientras llega, seguiré dejando fugacidades a través de su trino, llámense tweets, twits, tuits...

martes, 21 de mayo de 2013

Lo nuevo de Dan Smith

Hace poco he conocido a un autor inglés (vive en Newcastle) que me gusta especialmente. Ha viajado por medio mundo, lo que impregna sus novelas de experiencias que difícilmente podría plasmar sin ese bagaje a sus espaldas. Dan Smith consiguió que se fijasen en él con Dry Season, su primera novela, cuya acción se sitúa en el Mato Grosso brasileño, país en el que vivió durante cuatro años. Con ella logra que vivamos una experiencia oscura y cargada de suspense.

Smith tiene la capacidad de alimentar la tensión y recrear sus atmósferas con maestría, como ocurre en su segunda novela. Dark Horizons está ambientada en Sumatra, donde también el autor estuvo siete años. En ella hace un ejercicio de emotividad que se une a la exuberancia de sus paisajes, siempre dada a esconder secretos.

En junio saldrá la edición para Estados Unidos de su tercera obra, The Child Thief, una historia enclavada en la Ucrania occidental rural de los años 30, y para julio llegará el lanzamiento de Red Winter. Desde que firmase en 2008 su primer contrato con una editorial, Smith no para y sigue sumando lectores día tras día.

He tenido la suerte de leer su próxima novela, esta vez juvenil, My Friend The Enemy, que saldrá en julio también. Me han pedido que escriba una reseña para sus lectores, que, de momento, sólo pueden serlo en lengua inglesa (sorry for the mistakes!). Quien esté interesado podrá leerla en el siguiente post.

jueves, 9 de mayo de 2013

Haneke, premiado

Fantástica sorpresa, sí. Hace unos minutos se ha concedido el Premio Príncipe de Asturias de las Artes 2013 a Michael Haneke. El jurado destaca en esta ocasión que "Haneke ilumina y disecciona con deslumbrante maestría aspectos sombríos de la existencia como la violencia, la opresión y la enfermedad, que afronta con extraordinaria sobriedad formal a la vez que abre espacios a la persistencia consoladora del amor, la confianza y el compromiso".


Lo primero suyo que vi, cuando era universitario, fue Funny Games. Me conmocionó y con ella descubrí que había alguien haciendo un cine de horror  'diferente'. Posteriormente, con La pianista, supe que había muchas formas de desasosegar al espectador, y que ese austríaco lo hacía de maravilla. Y con La cinta blanca supe que el mundo de la mentira, de la rabia y de los monstruos de la infancia podía presentarse con serenidad y una belleza casi hipnótica en una pantalla.

Sobre la maravillosa Amor hablé en el post anterior. ¿Qué más decir...?

Hoy se ha premiado a un cineasta que sabe explorar como nadie en las miserias humanas y en la corrupción, que saca de lo cotidiano lo más perverso y nos muestra como somos... o podríamos llegar a ser.

miércoles, 8 de mayo de 2013

Amor

O, mejor, AMOR. Así, con mayúsculas, como queda sobreimpresionado el título en la película de Michael Haneke.

Se ha escrito y hablado tanto de esta obra que supongo que no tengo nada nuevo que decir sobre ella. Acabo de verla y diré, sin embargo, que estoy, aparte de muy tocado, admirado de la dignidad de sus personajes. La vejez nos conduce, como también la vida misma (aunque no lo haga tan a las claras), hacia la segura muerte. Y si se ha vivido plena y dignamente, sería deseable morir de la misma forma.

De dignidad, de respeto, de emociones desnudas, de desesperanza, de humanidad en casi todos los sentidos de la palabra. De todo ello nos habla esta película honesta que en ningún momento decae, a pesar de lo difícil de mantenerla arriba. Para lograrlo, el director la dota de tensión y de alma, aparte de añadir su plausible intención de evitar hacer un folletín social ligado a todo lo que la vejez y la enfermedad conllevan.

Pero Haneke sí quiere que nos fijemos en la soledad y en la compañía del otro dentro de un espacio que acaba convirtiéndose en el único. Un espacio que podría ser el nuestro y unas rutinas en las que todos nos reconocemos. Tal vez ésa sea la clave de nuestra perturbadora identificación con quienes llenan la pantalla. Anne y Georges nos conmueven porque asistimos a su desnudez y a su perdurable compromiso.

Aunque sigo aún con el espíritu golpeado, puedo estar seguro de que esta película me ha enseñado algo más sobre el AMOR. Así, con mayúsculas.

martes, 23 de abril de 2013

En el Premio Cervantes

Acudo, ahora que tengo tiempo, a la cita anual que Alcalá brinda a los premiados con el Cervantes. La entrega, como siempre, se celebra a puerta cerrada en el Paraninfo de la Universidad Cisneriana. Los ciudadanos, desde la calle, tan sólo podemos acercarnos a unas vallas que rodean la Plaza de San Diego y, parapetados a nuestro pesar, bien custodiados por ejército y policía, ver pasar a los asistentes.

Llego con la intención de revivir el ambiente que hace unos cuantos años resultaba más cercano y distendido. Pero me temo que hoy todo es tenso y lejano. Muy muy lejano. Dado que no comparto la táctica con que los organizadores alejan al pueblo de este acto y que, por desgracia, debo aceptarlo, decido expresarme acerca de lo que ocurre, aparte de los motivos por los que ocurre. Si las palabras son testimonio de la realidad, pronunciaré realidad.

Recibo como se merece a la comitiva de políticos que va apareciendo, en especial al Presidente de la Comunidad de Madrid, quien se merece toda mi admiración y cariño. Desde el lugar en el que me encuentro no me es posible oír los saludos, también afectuosos, de un grupo de jóvenes que ha logrado llegar cerca de la puerta de la Universidad. Eso les ha costado darse más prisa que yo y tener que dejarse identificar por los policías. Lo que sí puedo escuchar son los comentarios de quienes me rodean, representación creo que fiel de gran parte de los presentes.

"Ahora se quejan estos, pero, anda, que los añitos que hemos pasado nosotros"..., "que grite, que grite, si, total, no le van a oír"..., "éstos son los profesionales del insulto"..., "vosotros, siempre contra el rey y la Iglesia"... A un fotógrafo que, de acá para allá, trata de hacer su trabajo, también le llueve: "por aquí no se puede pasar, ¡haber madrugado si querías estar en primera fila!".

Después de este entrañabilísimo rato, cuando entiendo que ya no puedo sumarme al recibimiento de más asistentes, me retiro y me acerco a la Plaza de Cervantes, donde aprovecho para comprar un libro en la Feria que hoy se ha abierto. Lo leeré, por supuesto, como también leeré a Caballero Bonald, el agasajado.

Una pena que el premiado haya llegado muy temprano a la Universidad y no haber podido verle. Ésa era la imagen que quería traerme a casa. Y una pena también que muchos de los que concurrían ni siquiera se hayan enterado aún de su nombre.

viernes, 12 de abril de 2013

Cartas cruzadas

Decido escribir varias cartas a sendos escritores que estos días me han hecho disfrutar y reflexionar. Entonces, enredando algunos cables en mi cabeza, imagino que, por un error de mi servicio de correo electrónico (o puede que por arte de magia), los mensajes acabarán saliendo y llegando cruzados. Ninguno de ellos terminará en el buzón de entrada de su pretendido destinatario.

Uno aterrizará en el de Lorenzo Silva, de quien, según expreso, acabo de terminar Tierra Firme y Venganza en Sevilla. En un ataque de sinceridad, le confieso que ambas novelas las he tomado prestadas de la biblioteca de mi barrio, aunque le informo de que he querido retribuir su estupendo trabajo (los escritores deben poder vivir bien de su labor literaria, faltaría más) comprándome el volumen de la Trilogía de Martín Ojo de Plata. En esas páginas leeré la tercera y última parte de la saga: La conjura de Cortés.

Otro e-mail lo abrirá Espido Freire. Eso espero. A ella le tocará recibir un reconocimiento muy personal que nace de un encuentro literario reciente en el que pude escuchar palabras magníficas. Le digo que siento que "es de los míos" y que yo también pienso que la ecuanimidad y la justicia son valores superiores. Le felicito por su verbo ágil y preciso, por su claridad de ideas y por su honradez. No entro a valorar sus novelas, pues aún no me he sumergido en su "universo Bevilacqua-Chamorro", aunque me habría encantado decirle que me gustaron mucho Algún día, cuando pueda llevarte a Varsovia y, sobre todo, El cazador del desierto. En fin, quería ser breve y no molestar.

Mi otra misiva digital es para Matilde Asensi, a la que agradeceré su incisiva intervención en el Abril de Cervantes junto a Fernando Marías y las Microlocas (...vaya, no era mi intención convertirlos en el solista y su banda). Le daré mil gracias por activar el despertador de muchas bellas durmientes y ponerle el bocado al caballo de otros tantos príncipes, grises y despistados. Gracias también por añadir un gramo más al platillo de la indignación en esta balanza cuyo mecanismo pretenden amañar unos cuantos. Y gracias, le digo, por aprovechar que sigue habiendo foros como ese para alzar la voz y denunciar. En fin, es terrible que nos hayan robado la voz, que unos cuantos se hayan apoderado de los medios públicos para usarlos a su servicio y el de quienes acechan cualquier oportunidad de manejo, ratería, deformación e impertinencia.

Y hay una última carta, corta pero emocionada, para José Luis Sampedro. Ésta la enviaré por correo ordinario. No me fío de internet para todo lo ligado a la magia verdadera.
 

martes, 9 de abril de 2013

Adiós a Sampedro

El sentimiento de orfandad se convierte en un estado permanente del alma cuando fallece alguien como José Luis Sampedro. En este instante, pocos minutos después de recibir la noticia, parece como si el nudo instalado en mi garganta nunca fuera a disolverse.

Sólo un escritor que conecta tan íntimamente con sus personajes es capaz de hacerlo también con sus lectores de una forma tan estrecha. Ésa era una de las virtudes de Sampedro. Admiraré siempre su sabiduría, su sensibilidad, su sentido del humor, su gran humanidad y su compromiso con la realidad. Siento enormemente que nuestros políticos hayan amargado sus últimos meses con tantas decisiones fatales. A alguien como él ya nadie podía engañarle y, por desgracia, su convivencia con su deteriorado estado de salud se ha hecho algo amarga.

La relación con su enfermedad, sin miedos ni reproches, me ha recordado tanto al Salvatore de La sonrisa etrusca...  Estos días he revivido la lectura de esa grandísima novela a través de Salvia, quien la acabó un día antes de la muerte de su autor... Vaya, hoy lo sé.

Seguiré leyéndole, buscaré en sus palabras el pellizco de la experiencia más amorosa y siempre encontraré en ellas el más hermoso ejemplo vital.
 

viernes, 5 de abril de 2013

El sur, salvaje y brillante

He visto Bestias del sur salvaje y todavía estoy en el estado entre maravillado y emocionado al que esta película te conduce.

Con la única luz cambiante de la pantalla es complicadísimo tomar notas en una sala de cine, pero de vez en cuando lo hago. Ayer no me olvidé de mi libreta y decidí que iba a utilizarla. Mi primera anotación, muy al principio del metraje, fue: "lirismo apabullante".


Cuando una película comienza así es difícil mantener el tono sin desgastarlo o abandonarlo. Esta suerte de cuento sobre las gentes que habitan 'La bañera', un lugar del sur de Luisiana condenado a desaparecer, te lleva hasta el fango y la miseria, pero también te eleva hacia el fenomenal cielo de ese "universo que depende de que todo encaje'".

Ésas son palabras de la pequeña Hushpuppy, dentro del monólogo interior con el que narra desde la más profunda y orgullosa dignidad y da voz a los anhelos de quienes luchan por dotar de sentido a su vida desde su nada favorecido lugar en el mundo. Esta niña, Quvenzhané Wallis, es todo un hallazgo. Ojalá llegue a una madurez actoral apreciable y nos regale grandes interpretaciones.

Sobre el resto de los detalles de esta película se podría escribir largo y tendido y, con seguridad, en clave poética. No deja de ser una extensa poesía visual y sonora. Bestias del sur salvaje se disfruta desde la sensibilidad más abierta y generosa.

jueves, 4 de abril de 2013

Entre platos

Tengo un muy grato recuerdo de aquella película en la que dos amigos recorrían una región vinícola de California y probaban los caldos de la zona mientras se debatían entre peripecias sentimentales varias.

Hoy no estoy Entre copas sino, más bien, entre tazas, fuentes, soperas, teteras, azucareros..., pero, sobre todo, platos. Muchos platos. Lleva su tiempo desembalar una vajilla. Ésta ha llegado dentro de tres pesadas cajas que, a su vez, guardan otras cuantas más. Es chocante que un envoltorio de tosco cartón no sólo contenga sino también proteja objetos tan delicados. Pocas veces se tiene ocasión de ir hallando piezas, extraerlas de una en una sin saber cuál te encontrarás en cada momento, aparte de intuirla por la forma de su embalaje. Podría ser como la suerte de un arqueólogo. La misión ahora consiste en sacar a esta gran familia de su carruaje de papel para darle acomodo en uno de vidrio y madera.

Porcelana blanca con filos plateados y decoración rayada en los bordes. Fina, sí. Me persigno mentalmente (de forma inventada) para no hacer cacharritos. Reúno a cada oveja con su pareja y descubro que los platos llanos y los bajoplatos son iguales..., imposible diferenciar unos de otros, a pesar de haber llegado empaquetados por separado. Tras varios usos y no menos lavados acabarán mezclados.

Admiro la gran capacidad de las tazas. En ellas podremos tomar un buen té cuando se tercie. La salsera recuerda en parte a una concha de Nautilus, al igual que la lecherita, ambas con una elegante asa. Las fuentes, ovaladas, quedarán bonitas recostadas en la parte trasera de la vitrina, contrastando con el tono entre castaño y caoba de la tabla. Y más platos: hondos, de postre, de café,...

Aquí sigo, provocando este tintineo necesario. También dentro de mi cabeza.

sábado, 30 de marzo de 2013

Viajeros de pacotilla

Hay personas que no merecen gozar de la gran suerte que es poder viajar. Ni siquiera creo que gozar sea lo que los susodichos hacen cuando viajan.

El viaje es esa gran oportunidad que a veces tenemos de desdoblar nuestras vidas, hacerlas ocurrir en escenarios nuevos, con gentes diferentes de las habituales, de conocer y conocernos, explorar, aprender y crecer.

Pero hay gente que sólo concibe el viaje como un programa que hay que cumplir, pasando por los lugares previstos a la hora prevista, haciendo las fotos previstas, comiendo sólo lo supuesto, intercambiando con otros las palabras justas, aguantando rígidos, correosos, impermeables.

Esos sujetos se niegan a tratar de comprender que el mundo es diverso y comparan constantemente lo que ven con lo que tienen en casa, hacen listas de preferencia donde nunca la novedad queda bien parada respecto de lo ya usado, escupen sin tacto sus estúpidas observaciones y convierten cualquier momento mágico en una majadería.

¡Líbranos, oh señor agente de viajes, de compañías tan estúpidas y no nos dejes caer en la imbecilidad! Y ahora..., ¿debo decir amén?

viernes, 22 de marzo de 2013

El tiempo y la luz

Por la mañana busco la visión de un paño de sol que raya con línea marginal la terraza del último piso del edificio de enfrente. ¿Lo encuentro donde estuvo ayer?

Descuelgo mi persiana en cuanto el destello tamizado por el visillo alcanza el primer libro de los estantes. Seguirá reptando, ahora mucho más cribado.

Salgo de casa cuando mi calle acaba de dividirse en dos bandas. Una, blanca y más lejana, me deslumbra. La otra, sobre la que paso, va cediendo milímetros, fiándolos sin afán de propiedad... o eso parece.

Llego a la tienda y, antes de entrar, instalo con la mano derecha una visera sobre mi frente. De nuevo el sol, repelido con chispas por las lunas de la fachada.

Durante la comida, primero las cacerolas y después el aparato de radio, se calientan a la luz. Es una ayuda para los fogones y también refuerzo para el calor de las palabras que vienen del aire.

Al caer la tarde un foco se instalará sobre el albarelo de Salvia que decora el aparador. Será sólo durante un rato, afectuoso, anaranjado, casi mágico.

Pero todo eso que marca mis días tiene un punto variable, mutable y pasajero. Cada minuto, cada hora, cada segundo van dejando marchar de sus distritos perdurables a las líneas, a los rayos, a los destellos, a los soles.

El tiempo sigue transportado dentro de su caja sellada y eterna. Mientras, la luz lo agita, lo anima y persuade.

lunes, 11 de marzo de 2013

11-M

11 de marzo... otro más. Han sido ya unos cuantos desde que el terrorismo más sanguinario perpetuó tal fecha dentro de la relación de los días para el recuerdo.

Seguramente, somos muchos los que en este día pensamos que podíamos haber sido una de las víctimas de aquellos trenes que explotaron. Sabemos que nos podría haber tocado ser uno más. O uno menos.

En mi caso, empecé marzo de 2004 engrosando la lista de los desempleados de este país. Con anterioridad había hecho varias entrevistas dentro de un proceso de selección para cubrir un puesto en un centro de trabajo ubicado en la Plaza de Legazpi de Madrid. Cierto es que, aunque me acabaron dando ese puesto, nunca llegué a firmar aquel contrato. La tarde previa a la ambicionada rúbrica e incorporación resultante alguien me llamó para excusarse. Entre titubeos y explicaciones vagas, me dio a entender algo sobre una decisión que modificaba la ya tomada por la dirección de aquel departamento y que situaba a otra persona en el lugar que iba a ocupar yo. "Lo siento, pero alguien por encima de mí ha querido que halla otro..." En definitiva, me quedé con las ganas.

De haber comenzado a trabajar, habría acudido a la oficina en tren, en la hora punta de la mañana y en la misma línea que sufrió tan espantosos ataques unos días después. Siempre que llega otro 11 de marzo pienso que a veces las cosas, los rumbos, los acasos, se tuercen para bien. Esa, al menos, fue mi suerte, aunque nunca se sabe lo que habría pasado aquella mañana si otro montón de circunstancias se hubieran conjugado para cambiar el destino de los que murieron en esos trenes.

miércoles, 27 de febrero de 2013

Los Miserables

Con ese título este post podría ser tan extenso como todas las páginas de la novela de Victor Hugo sumadas a las del guión de la película de Tom Hooper, las de la partitura del musical de Schönberg y Boublil, y todo lo escrito sobre Les Misérables.

Pero no me complicaré, ni osaré tratar de llegar a la suela del zapato de la altura intelectual de todos los nombrados. Tras escuchar innumerables veces el disco de los momentos musicales destacados de la peli y ver la actuación de sus intérpretes en los Oscar, sólo me centro en esta obra de nuevo para señalar un corte. 

El musical está lleno de grandes canciones, pero One day more es una pieza que reúne todas las mayúsculas del alfabeto. Y cuando llega, la emoción acaba por trascender la pantalla para anudársenos a la garganta. En la película ésta es una secuencia en paralelo que presenta a todos los personajes principales en las diversas acciones previas a la explosión de guerrillas y barricadas, preámbulo del gran final. El montaje, algo más convencional que en el resto de la cinta, adquiere aquí más sentido y acompaña a la música a la perfección, que alcanza una mayor profundidad gracias a recurrir a melodías básicas de la obra. Aparte de otras, volvemos a escuchar el I dreamed a dream de Fantine (anteriormente cantada en un mar de lágrimas por la enorme Anne Hathaway, en su mejor momento). Puesto que la intención del director era hacer la mejor película musical posible, poner a cantar a los actores en directo ha logrado dar más intensidad a esa historia hiperromántica, pasional y épica.

One day more es una pieza coral inolvidable. He encontrado este vídeo en el que aparece la letra y diversos carteles de la película.


viernes, 22 de febrero de 2013

Goya en el fondo del mar

He vuelto a ver El piano, la película de Jane Campion cuya sensibilidad me dejó aturdido, allá por 1993. Cuando la vi era un recién estrenado universitario al que le gustaba el cine y empezaba a querer encontrarles un cauce a sus inquietudes. Hoy ha pasado la friolera de veinte años y sigo encandilado con la poética desplegada por Campion, embelesado por el magnetismo de la música de Nyman y pasmado ante la fuerza dramática de su actriz protagonista, Holly Hunter.

Supongo que muchos vagamos en busca de emociones y, agraciados de vez en cuando, las vamos hallando. El lunes pasado escuché algo que me conmovió: el Goya concedido a J. A. Ballona por su dirección de Lo imposible acabará reposando en el fondo del mar. María Belón, cuya historia real ha servido para apoyar el guión de esta película, ha decidido que no merece ser la depositaria definitiva del galardón al mejor director del año. La propia Belón lo anunciaba durante una entrevista en la radio, y eso resultaba ser de lo más conmovedor que había oído recientemente. Un día más algo me traía otra emoción que echarme al corazón.

"La tentación de quedarme con este Goya es tan grande... es tan bonito, significa tanto... Esto no es mío, se va a ir al fondo del mar, que es donde pertenece, a las 230.000 personas que nos han inspirado. Por primera vez en mi vida he entendido la tentación de quedarte con algo que no es tuyo, pero no puede ser."


En este instante, tal vez, el busto del gran pintor esté viajando hacia las profundidades de un mar que no tendrá que ser necesariamente el Índico. Podría ser otro cualquiera, pues todos los mares son uno solo. Y quizás se cruce en su descenso con el piano de Ada, dirigiéndose también solitario al abismo. Y puede que lo mire, se extrañe, pero después se sonría. Entonces seguramente pensará que nada tiene más sentido en ese mundo que ahora habita que un piano al que le faltan algunas teclas yaciendo en un lugar sin resonancias ni ecos... junto a un viejo sordo.

"Qué muerte, qué suerte, qué sorpresa, ¿mi voluntad ha elegido la vida? Por las noches pienso en mi piano, en su tumba del océano y a veces en mí misma flotando sobre él. Allí abajo todo está tan inmóvil y silencioso que me arrulla y me adormece. Es una extraña canción de cuna, así es, y es mía. Hay un silencio donde no ha habido sonido, hay un silencio donde no puede haber sonido, en la fría tumba, bajo el profundo... profundo mar." (Del guión de El piano, de Jane Campion)

domingo, 3 de febrero de 2013

Pi y la fe

Acabo de ver una película necesaria, gustosa, esperanzada. Más allá de sus méritos en la competición por los Oscar, de su vistosidad y atractivos, merece la pena ver La vida de Pi. Sobre todo porque hay que verla terminar, pues al final viene lo bueno. Es fantástico poder salir del cine pensando, dándole vueltas a lo que uno ha visto, sacando conclusiones.


El Pi adulto nos habla del Pi niño, del adolescente, del enamorado, del desesperado, del superviviente. Todo ello va a ser un juego desde el inicio del film, desde el comienzo de la narración que su protagonista comparte con un escritor que busca una buena historia para convertirla en novela. Sin embargo, tardaremos en saber que hemos estado jugando, en comprender por qué ciertas cosas se han presentado de una forma fabulada o alegórica.

Ang Lee, que resuelve casi todas sus películas impecablemente, consigue aquí volver a firmar triunfante. Toda la parte marina de la cinta está compuesta con destreza, gracias a una cámara que llega a ser el mismísimo espíritu del protagonista, trasladándonos sus emociones de manera efectiva. Y gracias también a la interpretación de Suraj Sharma, pilar central de esta película. De los buenos actores conviene no olvidarse y éste lo es. Lástima no haber podido verla en 3D, pues en ese tercer plano debe de estar en muchos momentos el refuerzo a la imaginación de Pi y todas sus vivencias.

La vida de Pi tiene interés también por su planteamiento filosófico acerca de las religiones. Hay en ella positividad ante las creencias, una revelación de la fe como tabla de salvación sin forma concreta, sin etiqueta alguna, sin liturgias marcadas. Espero que a nadie pueda echarle atrás la carga religiosa de la que hablo a la hora de acudir a ver esta obra. Para bien y para mal la religión está aquí presente, pero siempre desde la reflexión, desde la libertad; al fin y al cabo la fe es lo único que cuenta, no tanto los variados credos que se han estipulado en torno a ella.

domingo, 27 de enero de 2013

Acuarela

Hace unos días estrené mi caja de lápices. Tres años ya en un armario, desde que fuera mi regalo de Reyes. Tampoco había usado el bloc ni los pinceles junto con los que los Magos la dejaron una noche mágica como la de hace unas semanas.

Cuando la abrí aparecieron todos alineados, cumpliendo a la perfección las normas de la escala cromática. Lapiceros de dibujo de grados de dureza diversos, lápices de carbón, lápices de colores clásicos, otros de colores metálicos y, para mí los más deseados, los acuarelables. No tenía ni idea de lo que haría con ellos, pero me apetecía experimentar, ver qué salía.

Busqué en varios libros sin dar con el motivo que me arrancase las ganas imprescindibles para dedicarme a dibujar durante horas. Entonces recordé que el primero de mes descolgué de la cocina el calendario de 2012. Lo había guardado porque contenía decenas de fotografías bellísimas con las que algún día, quién sabe, poder hacer algo especial. Lo hojeé, regresando a los instantes, a las citas, a las esperas, los anhelos, las estampas de todo un año. Impresa en papel satinado de excelente calidad, una de las imágenes acabó por seducirme.

Un llamador o aldabón de los que cuelgan de las puertas. Sobre todo de las de hace décadas, cuando aún no había timbres ni porteros automáticos, ni otros medios para avisar, más allá de la voz en grito o de unos golpes sobre la superficie de madera. ¡Cuántos porrazos sufrían aquellas puertas! Hoy estas aldabas ya se emplean como meros adornos, aunque puedan atizar ruidosamente. Una mano de bronce pintada de azul, gastada por la fiera pátina del uso. Toc, toc, toc, toc, así llamaría con una mano sirviéndome de esta otra. Maciza pero delicada.

No muestro la foto que he querido remedar, sino el dibujo y mis licencias en él.

jueves, 17 de enero de 2013

Por Telemadrid





En la medida que un sencillo texto pueda contener afecto y respeto, vaya por todos los que hoy son víctimas de su propia ideología y principios.

Va por los compañeros que trataron de mantener en su labor el mismo espíritu audaz de la Telemadrid anterior al saqueo y a la falsedad. Por las personas que presenciaron los aquelarres y no dudaron en denunciarlos. Por las que sufrieron acoso y no se doblegaron. Por quienes le pusieron un buen puñado de amor y dedicación a la receta que cocinaban todos los días, a pesar de los malos ingredientes. Por todos los que han respetado y facilitado el trabajo de los demás.

Por quienes han otorgado dignidad y añadido valor a su puesto fijo, logrado con esfuerzo y tras un difícil examen. Por los compañeros que han velado por la continuidad de los empleos de aquellos a quienes nunca se dio la oportunidad de hacer ese examen. Por los que pasaron por la casa durante un tiempo breve, o durante varios, hicieron de ella la suya, la cuidaron y marcaron su valiosa huella.

Vaya por quienes se han volcado hasta el último instante en desempeñar sus tareas con profesionalidad, a pesar de verse condenados. Por quienes se la tendrán jurada por siempre a todos los malvados, para los que nunca habrá paz. Por todos los carteros que en sábado tuvieron que cubrir uno de sus servicios más amargos, entregando burofaxes miserables que les convertían en verdugos involuntarios. Por quienes han soportado tanta violencia impresa en una carta sin responder a ella del mismo modo brutal. Por los que ven en nuestros despidos una sangrante pérdida de libertad.

Por quienes seguirán transformando la opinión siniestra que los ciudadanos tenían de Telemadrid, fruto de tanta manipulación y de tanto engaño. Por todos los que seguirán siendo solidarios. Por quienes han reclutado a familia, amigos, vecinos, conocidos, desconocidos, para manifestaciones y concentraciones, gritando a favor de la justicia...  Porque las voces de todos ellos seguirán contando. Porque sus voces son Telemadrid.

miércoles, 2 de enero de 2013

Impresiones de fin de año

Increíble pero cierto. El mismo día 31 de diciembre ya no quedan apenas dulces navideños en los supermercados. Este año no he hecho mazapán yo mismo, así que esperaba poder comprarlo para Nochevieja. Error garrafal: algunos parecen decididos a retirarlo todo antes, o a no reponer existencias, no vayan a tener que venderlo más barato pasado Año Nuevo.

Los Miserables, la película estrenada en Navidad, es un magnífico experimento. Puede que Sweeney Todd sea lo más parecido que he visto en un cine, aunque esta me gusta más. Los actores están estupendos, aunque entre todos Anne Hathaway sobresale. Su Fantine es inolvidable y su emocionante I dreamed a dream nos hará recordarla siempre, siempre, siempre. El director logra con mérito conectar todos los momentos de dramatismo, algo muy difícil en una adaptación como esta. Le ayudan una partitura grandiosa y las voces de sus intérpretes cantando en directo durante el rodaje. Una verdadera joya.


La cafetería del Museo del Romanticismo de Madrid, tan exquisita como nos la pintan, decepciona. Salvia y yo teníamos muchas ganas de pasar allí un rato con una buena taza de café, así que, obviando la visita de la casa, pasamos directamente al local. Tras repasar su carta del Café del Jardín, elegimos un indio, concretamente el Varanasi, porque nos encanta esa ciudad y porque, sin más, necesitamos algo fuerte. Al cabo de un rato lo vemos llegar a nuestra mesa... ¡servido en vasos de caña! ¡Sí, de los de vidrio de 20 cl.! Si a ese chasco le añadimos sillas incómodas y desencoladas con tapizados sucios... en fin, no le haremos feos a su jardincito, que sí es una chulada.

Mucho me temo que mientras el Partido Popular domine Televisión Española nos tendremos que olvidar de la cultura y del buen entretenimiento. El programa de fin de año de Josema Yuste fue una paletada lamentable, pseudo-crítica y tristemente complaciente con el Gobierno y su infame atentado contra nuestros derechos y libertades. Si el único mérito de un programa de televisión está en el maquillaje, poco más hay que decir sobre él, salvo una sola cosa más: ¡cómo echo de menos al gran José Mota!

La tarde del 31 hizo frío en Madrid. Mucho frío. Podía haberlo evitado si en vez de acudir a ver la San Silvestre la hubiera corrido, aun creyendo con firmeza que correr no es lo mío. De todas maneras, la experiencia por Vallecas fue estupenda, barrio cálido a pesar del leve principio de congelación en mi nariz.

miércoles, 26 de diciembre de 2012

En 2013 evitaré...

-Comprar cosas que no utilizaré y que, con el tiempo, no recordaré que ya tengo.

-Olvidar que hace no mucho decidí no volver a confiar en los políticos.

-Casarme sin invitar como mínimo a doscientas personas.

-Atender un sólo instante a lo que diga cualquier energúmeno de la ultraderecha.

-Mantenerme templado ante las injusticias.

-Perder el tiempo.

-Desollarme la piel ¡ay! con el borde de una piscina.

-Hacer ciertas cosas como gustan a los demás y no como yo crea oportuno.

-Ver Telecinco y sus teles 'amigas'.

-Salir de casa sin mi kit de manifestante.

-Dar pasto a los marrulleros.

-Hablar con nadie que antes no me haya saludado.

-Pronunciarme acerca de evidentes parecidos físicos de un bebé en presencia de su abuela.

... Hay mucho más, claro, aunque preferiré atreverme, enfrentar y afrontar, emprender y, por supuesto, resistir.

jueves, 25 de octubre de 2012

Pelo ceniza

'Este niño tiene el pelo ceniza'. Las peluqueras de mi madre se llamaban Mari y Sabi, y ese era el color que le adjudicaban a mi cabello. Su peluquería estaba en la primera planta de una casa baja de nuestro barrio. Estuve allí muchas veces, acompañando necesariamente a mi madre, que me llevaba de la mano a todas partes.

Era un lugar curioso, cargado de olores únicos, singulares, algunos atrayentes y otros muy fuertes, como los de los tintes. Las peluqueras usaban un cubilete de plástico del que iban extrayendo con una brocha aquella sustancia para aplicarla sobre la melena de las clientas. Me divertía verlas con el pelo mojado, peinado sobre la cara, con unas marcianas capas de tela de forro en tonos rosa o azul por encima de los hombros.

Pero a veces me tocaba que me cortaran el pelo también a mí. ¡Era un martirio! Hasta que llegaba el momento de pasar a la tijera utilizaban una navaja con peine con la que, a tirones, iban rasgando mechón tras mechón. Aquello sonaba como cuando se raja un pedazo de trapo estirajándolo a golpes secos. Mis rizos iban cayendo al suelo, amontonándose unos sobre otros. Y yo acumulaba tensión y suplicio...

Pero no todo era desagradable en aquella peluquería. Un día sentí una enorme paz al observar a una señora que, bajo un secador, toda cercada de rulos, se estaba comiendo un bocadillo. Recuerdo el tremendo apetito con que la mujer se nutría y el ruido que hacía al remangar el plástico transparente con el que estaba envuelto el bocata. Debía de ser de jamón de york, o de chopped, y no negaré que deseaba estar comiéndomelo yo en vez de ella. Pero, sobre todo, lo que nunca he olvidado es la sensación plácida que aquella escena me transmitió.

Hace décadas que no me veo obligado a acompañar a mi madre a la peluquería. También hace muchos años que nadie ha empleado navaja para cortarme de pelo, lo cual agradezco infinitamente. En fin, no quisiera engañarme, pero, de seguir siendo así, hoy mis mechones ceniza ya no caerían al suelo abundantes como antaño.

miércoles, 26 de septiembre de 2012

Democracia de un minuto

Ayer estuve presente en la protesta que tuvo lugar frente al Congreso de los Diputados. Fui libre de llegar al lugar cuando quisiera y de marcharme cuando me diese la gana, sin ligazón alguna al Movimiento 25S, sin convocatoria expresa ni directa por parte de nadie y tristemente consciente de que los derechos, libertades y logros de la clase trabajadora están siendo salvajemente recortados por los personajes de este teatro político al que seguimos dando legitimidad.

No fui libre, sin embargo, a la hora de circular por las calles de Madrid como cualquier ciudadano que intenta llegar desde un punto hasta otro por el camino más corto posible. Fue bochornoso tratar de rodear el Congreso y verme obligado a dar una vuelta desmesurada, casi jacobea, ya que todas las calles aledañas estaban cortadas por vallas y más vallas, furgones policiales o agentes a caballo. La presencia de la guardia era desproporcionada, sin duda una auténtica provocación.

La protesta fue ordenada y civilizada, doy fe, aparte de lógicamente airada. Merecen escasa atención los cuatro sujetos subversivos que es frecuente encontrarse en acontecimientos de este tipo, pertenecientes tanto a la parte manifestante como a la parte de la "seguridad oficial", desde la que, presuntamente, podría haberse espoleado a la otra. Nunca la intención de los presentes fue alterar la paz, que conste. Hoy, qué tétrico, asisto a los debates y tertulias en los medios de comunicación y me sonrojo al confirmar por enésima vez que el panorama mediático en este país está superpoblado por los voceros de la ultraderecha más retrógrada, que califican a todo el que se acercó al Congreso de golpista.

En fin, siento no vivir conforme con los mandatarios que tenemos, ni con el modo en que los elegimos, ni mucho menos con el margen de intervención que se nos permite en la toma de decisiones en este país. Y lo siento de verdad. Nuestra participación en esta democracia, definitivamente, está reducida a un minuto cada cuatro años. Ése es el tiempo que nos tomamos en elegir la papeleta que vamos a meter en un sobre, el cual cerraremos para, acto seguido, introducirlo en la urna que corresponda. Y una vez consumido ese minuto en que, supuestamente, el pueblo es soberano, volvemos a estar sometidos por el caciquismo, la política de familias, la corrupción legal y otros desmanes de los cuales no vemos la hora de librarnos.

lunes, 17 de septiembre de 2012

Cazavampiros

No existe bicho más traicionero que el mosquito: se autoinvita a pasar la noche contigo y te muestra su gratitud con terrorismo del más bajo. Cuando despiertas a la mañana siguiente, vas y te topas con lesiones, como dirían en las noticias, de diversa consideración. O si no, más tarde, alertado por un fino picor, terminas encontrando por doquier las marcas del salvajismo.

¡Vaya nochecita! Aún sigo luchando contra el sopor... Ni el mismísimo Van Helsing trasnochó nunca así para dar caza a tanto vampiro.

1:00 A.M.: "Tenemos un mosquito", palabra de Salvia, alertada por un zumbido. Mientras la que acaba de hablar se da media vuelta para reconciliar el sueño con desenvoltura, servidor enciende la luz y emprende la búsqueda del susodicho. Tras largo rato de safari pertrechado de armas de sainete, acabo encontrándolo agazapado sobre una moldura de escayola del techo. ¡Zas! Se escapa. Vuelta a empezar. Nuevo y largo ojeo, esta vez sin resultados.

3:30 A.M.: "Bzzzzzzzzzzz". Un agudísimo violín me saca con sobresalto de mis azucarados sueños. ¡De esta no sales vivo, maldito chupasangres! Incorporado de nuevo  -omitiré los detalles sobre mi escueto atuendo-, vuelvo al acecho. La batida acaba dando su fruto y el trompetero da la cara agarrado a una puerta del armario. La que duerme a mi lado no se despierta. Una nueva escalada armamentista me ha puesto en las manos su pantalón vaquero. ¡Zas! La tela tejana funciona y el bicho cae. Vuelvo a la cama con la satisfacción del que sopla el humo en la boca del revólver.

6:00 A.M.: "Tenemos otro mosquito", palabra sin desperezar de Salvia. Esta vez el zumbido vuelve a sacudirla a ella, anticipándose al pitido de su despertador. "No puede ser... ¿otro más?", pienso en abstracto, con cientos de bostezos en las ideas. Lo único que soy capaz de concretar ahora es una determinación: "No voy a moverme del colchón".

Diosss... acabo de encontrarme dos picaduras en un talón, otra en la cara interna del muslo derecho y el habón de uno de mis nudillos pica que rabia. Esta noche volveré a la carga y, por si acaso, me bañaré en repelente.

jueves, 16 de agosto de 2012

Fuego

Sé poco del humo,
del cosmos que esconde,
de su rabioso velo negro
y de la horca que entraña.

No quisiera ser árbol
preso de la hoguera
cuyos cantos se asfixian,
la sombra estrangulada.

Verde sin verde,
trocado de luto,
amargamente sediento
frente a la sed de la llama.

Ni el silencio devuelve
equilibrio a la tierra,
la savia hervida,
la piel quemada.

Trágicos restos.
Calcinada memoria.

¿Aún respiras?
Si la vida duele
queda algo de vida.

Incendios

¡Fuego, fuego, que me quemo,
que mi cabaña se abrasa!
Repicad a fuego, amigos,
que ya dan mis ojos agua.
(...)
¡Fuego, zagales, fuego, agua, agua!


En El burlador de Sevilla habló el gran Tirso del fuego y de la traición. Estos días media España arde. Como todos los años. Tal vez más que todos los años. Cada foco es una desgracia irreparable. Ocurría cuando no estábamos en crisis económica, con mayor o menor saña. Y sigue ocurriendo ahora, cuando, a pesar de la recesión, no debería escatimarse en medios para prevenir y luchar contra el fuego.

En el bosque, en el monte, está la vida. No lo olvidemos.

lunes, 6 de agosto de 2012

Mangos azules

Durante un mes he estado inmerso en la crónica de una familia del sur de la India, sumido en su vida e imaginando qué quedará de lo real y de lo inventado por su autor en un lugar medio real-medio inventado cercano a Kerala. En la novela no sólo se habla de los Dorai, clan no brahmán aunque bien posicionado, del que conoceremos su devenir a lo largo de tres generaciones. También se cuenta en ella parte de la historia de la India durante la primera mitad del siglo pasado, a lo largo de las dos Grandes Guerras y del declive del Raj.

Los mangos azules, únicos como esta narración, van dejando aquí la impronta de sabores y texturas que únicamente recuerdan a ellos mismos. Esta primera novela de David Davidar indaga en las complejidades de cada uno de sus personajes. Solomon, el patriarca, del pueblo de Chevathar, lucha contra otra casta que pretende detentar el poder en la región. De sus dos hijos, uno, Aaron, sufrirá las crudas consecuencias de militar en política en oposición a los británicos. El otro, Daniel, aprendiz de un médico local, acabará enriqueciéndose gracias a la fabricación de una fórmula para aclarar el color de la piel y, con su fortuna, fundará una colonia para mayor gloria de los Dorai. Más adelante, su hijo y pretendido heredero, Kannan, estudiará Botánica en Madrás (como hiciera el propio Davidar) y acabará alejado de su familia...

La casa de los mangos azules es una novela didáctica que indaga en multitud de los asuntos que han hecho de la India lo que hoy es. Las pugnas entre castas en el contexto de la lucha de los indios por lograr su independencia de los ingleses, la obcecación de estos en mantener su estilo de vida a costa de la riqueza del subcontinente, el choque de culturas que nunca llegaron a armonizar del todo. El relato está, además, repleto de sensibles descripciones de paisajes, prácticas cotidianas, comidas, olores, colores y de los toques poéticos que no es fácil encontrar en esas novelas ambiciosas que hablan de sagas familiares. Está también lleno de esos singulares mangos, una rareza tan preciada como toda esa diversidad.

domingo, 29 de julio de 2012

Regusto de Viena II

En el DRAE la palabra "regusto" aparece definida así en su tercera acepción: "Sensación o evocación imprecisas, placenteras o dolorosas, que despiertan la vivencia de cosas pretéritas". Es con la que me quedé para el post anterior. Ahora usaré su sentido más común: 

"Sabor que queda de la comida o bebida". ¡Ay, qué cosas! Intento recuperar alguno, aunque sea difícil en ausencia de los imprescindibles aromas que suelen conectar un no sé qué con otro no sé qué para evocar ese sabor. Por ejemplo, el de una Frittatensuppe, que parece más bien un juego para niños en el que alguien se haya encargado de cortar unos pocos crepes en tiras para, después, sumergirlas en un consomé.

Aparte de esta y otras sopas, consigo rescatar uno de esos fuertes Gulash de ternera acompañados de Knödel, unas enormes bolas de miga de pan que bien podrían usarse para jugar a la pentanca; o también el de los Schnitzeln gigantescos que sirven en algunos restaurantes y que, aparte de su gran tamaño, no aportan nada distinto del filete empanado de toda la vida.

Inolvidable el Apfelstrudel del Café Central, combinación templada de manzana con canela, pasas y nueces dentro de un rollo de hojaldre espolvoreado con azúcar glass. Hay cientos de Strudeln más, como el de Powidl, esa mermelada típica austriaca hecha con ciruelas muy maduras, pero el de manzana es el mejor. Insuperable.

Durante mi primera vez en Austria me sorprendió el uso habitual que le daban a las semillas de amapola. Creo que mi primer encuentro con ellas fue en la salsa que bañaba unos ñoquis. Después no dejaron de aparecer sobre muchos tipos de pan o, también, como relleno de otros rollos tirando a sosos a los que llaman Mohnstrudeln.

¿Y qué más? Pues, resumiendo, un paraíso de regustos dulces y salados de los que me quedo con los cafés y las tartitas.

viernes, 20 de julio de 2012

Regusto de Viena I

Después de un viaje viene otro. Del físico y vivencial se pasa al del recuerdo, durante el que revisamos los momentos e imágenes que nos hemos traído, bien dobladitos en la maleta de la memoria.

Mientras saco del trolley la ropa usada y la no usada, vuelvo a ver los colores y formas dispares de las creaciones de Hundertwasser. El Gaudí vienés te hace jugar, tenerle miedo a la línea recta, ondularte con el suelo y las paredes, buscarles las raíces a las plantas que coloca acá y allá, y volverte, de algún modo, irracional.

Separo algunos objetos  -cámara de fotos, algún recuerdo de cerámica, las Mozartkugeln, souvenir comestible-  y vuelvo a bordear la orilla del Danubio, esa impresionante masa de agua que no se parece a ningún río de este país del sur, tan distinto.

Hojeo folletos de museos y les echo otro ojo a las pinturas de Klimt, Schiele, o Brueghel. Entonces paseo con placer por las salas del Belvedere, del Kunsthistorisches o del Leopold, ambientes construidos de luz, atmósferas donde los trazos y los pigmentos van transformando el mundo.

Mientras pongo una lavadora convierto el perfume del suavizante en delicioso olor a café. Entro de nuevo al Hawelka, con sus muebles ancianos, al palaciego Central y toda su altiva exquisitez, al Corbaci del Museumsquartier y la combinación funcional del hormigón con techos de cálidos azulejos; y también paso a alguna que otra cafetería Aïda, donde los precios son más practicables y casi todo tiende al rosita.

Al guardar el calzado escucho otra vez los valses tocados con violín y acordeón en un Heuriger de Grinzing, ese pueblecito salpicado de encantadoras tabernas que un día quedó pegado a Viena.

Todo el viaje queda "deshecho" y recolocado en cajones y armarios. Pero sigue desarrollándose en mi cabeza, que insiste en encontrarles el sentido a casualidades, meteorologías, reencuentros, hallazgos, palabras, gestos y sabores.

miércoles, 11 de julio de 2012

Vicenç Navarro

Esta mañana Vicenç Navarro ha estado en Radio Nacional de España, como entrevistado del programa En días como hoy que dirige y presenta Juan Ramón Lucas. Me gusta que en la radio pública también tengan cabida las voces que discrepan de la "versión oficial" de los hechos  -de los presentes, sí, aunque también de los pasados, que condicionan en gran medida lo que sucede hoy en este país-  y puedan expresarse alto y claro quienes creen que hay otra forma de cambiar esta situación, sin que la mayor parte de la ciudadanía deba sufrir las decisiones serviles y traicioneras de estos políticos que nos han tocado.

Os animo a que escuchéis la entrevista, que podréis encontrar visitando la web de RNE en el apartado de podcasts, o en el blog del propio Vicenç Navarro, quien ya ha enlazado el contenido. Lo tenéis a la izquierda, también entre mis enlaces. Este politólogo, sociólogo, médico y experto en economía ha publicado multitud de libros y artículos que le convierten en uno de los científicos sociales más autorizados del momento. De hecho, libros como Hay alternativas, firmado junto a  Juan Torres López y Alberto Garzón, o el reciente Lo que España necesita, también con el diputado de Izquierda Unida Alberto Garzón, han sido acogidos con esperanza por quienes queremos que la manipulación de los gobiernos termine  -la del gobierno presente y el desastroso coleo de la del pasado, sin duda-,  pues nos merecemos un Estado social libre, democrático y equitativo.

Al hilo de lo anterior, recomiendo aquí también el libro El subdesarrollo social de España: causas y consecuencias, también de Navarro, que salió en la editorial Anagrama en 2006. Magnífico para entender lo que está ocurriendo.

martes, 10 de julio de 2012

Todo irá bien

El exótico Hotel Marigold no ha sido un gran taquillazo ni lo va a ser a estas alturas. Pero algo tendrá esta película para que los multicines que tengo cerca de casa la hayan mantenido en cartel durante cuatro meses. No sé si clasificarla como comedia dramática o como drama con risas, aunque supongo que eso de las etiquetas da igual cuando una historia te hace pasar dos horas agradables.

Se trata aquí de hacernos ver que la vejez puede ser un período fantástico dentro de la vida. Tras diversos avatares, un grupo de jubilados llega a la India y se aloja en un hotel de Jaipur regentado por Sonny, un chico ingenuo y asombrosamente optimista que intentará convertir su estancia en algo agradable a pesar de que su hotel no es lo que todos esperan. La India es el lugar en el que, para bien o para mal, algo zarandeará sus existencias. En definitiva, han viajado hasta allí para intentar darles un giro y tratar de reinventarse emocionalmente. Sin duda será así.


De John Madden me gustaron Su majestad Mrs Brown y Shakespeare in love. En ambas aparecía Judi Dench, esa extraordinaria actriz británica que aquí también ofrece una interpretación admirable. En general, todos los actores están espléndidos, aunque añadiría a la lista de méritos a los grandes Maggie Smith y Tom Wilkinson, que consiguen conectar con el espectador con mayor intensidad que el resto.

El exótico Hotel Marigold no deja de ser la combinación de los momentos protagonizados por unos y otros, alegres o desgraciados, que conviene ver en versión original (se disfruta muchísimo de la dicción de los actores). Ya puestos, podemos aplicarnos la falta de pretensiones de la película y del mensaje del dicho indio que Sonny recuerda a sus huéspedes: "Al final, todo irá bien. Por lo tanto, si no va todo bien, es que todavía no es el final”.

domingo, 1 de julio de 2012

Una meca

Ese señor delgado de oscura y cuarteada piel mira con sus ojos entornados. Cabecea hacia delante mientras murmura una letanía incomprensible para mí.

Reza, sin duda. ¿El lateral derecho de este tren mira ahora a la Meca? Dado que avanza por un trazado sin apenas rectas, es difícil saber a qué cielo se conecta el orante. Ante la duda, mejor vendría cualquier agujita que señalase un presunto norte.

Echo de menos aquel reloj con brújula que decidí no comprar por lo superfluo de tal herramienta. También me serviría la pequeña brújula que rescaté antes de que llegara a desprenderse del tirador de mi viejo trolley. O, ¿por qué no?, me apañaría con un taponcito de corcho, un pequeño imán, una aguja y un balde con un poco agua.

Sin complicarme apenas, sí, pero con ayuda. Él, sin embargo, conoce su oriente. Puede que en cada nave haya un marino cuyo compás interno sabe en todo momento cuál es el rumbo.

miércoles, 27 de junio de 2012

El joven Joel

Henning Mankell, aparte de habitar este mundo para hacer de él algo mucho mejor, no deja de ser un magnífico escritor, ¡y prolífico! Entre mis planes está ir leyendo toda la serie Wallander, cuyos volúmenes ocupan buena parte de un estante de casa, y de los que ya ha caído Los perros de Riga. Mientras eso se va cumpliendo -me tomaré mi tiempo-, descubro también otras de sus obras.

En los noventa se dedicó, aparte de a sus creaciones policíacas, a los 'lectores jóvenes'. Estos días estoy con las dos piezas que me restaban para completar su tetralogía de Joel, dentro de la piel de este preadolescente que vive en una aldea de crudos inviernos entre bosques suecos. Junto a su padre, un leñador que antes fue marinero, sueña con hacerse algún día de nuevo a la mar y se pregunta qué habrá sido de su madre, de la que apenas conoce cuatro detalles. Entretanto, se marca objetivos, explota su imaginación haciéndose cientos de preguntas sobre la vida cotidiana, choca contra el mundo de los adultos y se mete en más de un problema.

Las novelas son un magnífico acercamiento a la psicología juvenil, partiendo desde los once años de Joel hasta que éste llega a los dieciséis. Me gusta el estilo de Mankell, aquí conciso, como es habitual, nada artificial, transmitiendo con humor e ingenuidad todo lo que al chaval se le cruza por la mente. El perro que corría hacia una estrella, Las sombras crecen al atardecer, El niño que dormía con nieve en la cama y Viaje al fin del mundo, títulos todos traducidos al castellano en la Editorial Siruela. Últimamente los cuatro se han recogido en un volumen de DeBolsillo llamado como el último de ellos, Viaje al fin del mundo.

domingo, 24 de junio de 2012

Los duendes del café

Horarios nocturnos. Este mes ha tocado. A falta de un termo casero cargado de café con leche, una máquina de las apodadas 'de vending' es bienvenida siempre. Aún hoy, después de haber sido usuario de unas cuantas en distintos lugares, sigo sin saber cómo funcionan exactamente. Puede que alguno de los programas de Discovery Channel haya desvelado ya el secreto de los duendes cafeteros que se dedican a moler el grano y a preparar la rica infusión dentro de esa especie de armario con luz.

Ese proceso de alquimia mediante el que una moneda precipitada a través de una ranura se transforma en líquido con espuma caliente contenido en un vasito de plástico sigue siendo todo un enigma para mí. Hace unos cuantos años, en el centro donde tuve mi primer trabajo había una máquina de bebidas que, aparte de café, té y chocolate, ofrecía sopas. Más de una vez alguien me sorprendió agachado, arrodillado incluso, colocando la mirada a la altura de la ventanilla de salida de los brebajes. ¿Era posible que mi café saliera por el mismo tubo del que acababa de brotar una sopa de verduras?

La máquina de hoy no ofrece caldos como aquellos, lo cual me libra de doblarme inevitablemente para vigilar de cerca el conducto del que manan los enjuagues. Eso, sin embargo, no mata del todo mi curiosidad: ¿será el enanito que vive en su interior el que deje caer la cucharilla plana dentro del vaso?

sábado, 16 de junio de 2012

Pequeñas mentiras sin importancia

Se estrenó el año pasado, aunque este verano puede tener su hueco si se lo dáis. Un grupo de amigos decide que no va a renunciar a sus vacaciones en la playa por acompañar a otro de ellos que ha sufrido un accidente y está postrado en la cama de un hospital. Esa decisión será el lastre que les impedirá disfrutar plenamente de esos días. Aunque todo está dispuesto para el relax y la diversión, no tardarán en salir a relucir ciertos comportamientos que les convierten en personas egoístas y mezquinas.

El comienzo engancha por su virtuosismo y el admirable planteamiento que ofrece su director-guionista, Guillaume Canet. Los personajes están bien perfilados, resultan completos, matizados, creados para encontrar la identificación con el espectador. Todos los actores brillan sin excepción y cada una de sus historias va encontrando su sitio sin falta.

La película, para lo bueno y lo malo, acaba siendo una mezcla de comedia pura y drama con dosis de moralina y lágrimas. Pero, a pesar de ello, no deja de funcionar como una buena cinta que ahonda en los aspectos que nos hacen humanos.

Gran ocasión para ver buen cine francés que deja un magnífico sabor de boca y el poso de las historias con alma.

domingo, 10 de junio de 2012

Dorsal 137

Se cuela por la estrecha rendija que aún separa las puertas al cerrarse. ¡Por poco! Sudoroso y rojo por el esfuerzo, toma resuello. Lleva pantalón corto, zapatillas deportivas y una camiseta sin mangas guarnecida con grandes números. Busca asiento y lo encuentra junto al mío. Lo ocupa mientras mira al exterior del vagón. Acompaña su tensión con respiraciones afanosas. Reparo en el reloj que le ciñe la muñeca: pulsómetro y podómetro incorporados. Ambos marcan sendas cifras en avance constante. Se da cuenta de que lo he fichado y lo oculta con un nervioso cruce de brazos.

Dos estaciones más. A la tercera, se baja y echa a correr.

Por la noche, en la tele, veo al tipo del tren. Los mismos grandes números sobre su dorsal. Está cruzando una meta con los puños alzados.

lunes, 4 de junio de 2012

Juegos a la sombra

La calle de mi infancia tenía soportales. La manzana completa estaba rodeada de ellos y en verano se podía salir de casa y jugar a cubierto. Si las patadas al balón se pasaban de largo, lo recuperábamos rápidamente del sol cruel y lo devolvíamos al claustro para seguir con el partidillo.

Mi portal, como los del resto de las viviendas, tenía una escalera amplia en cuyos peldaños se desarrollaban también los juegos, las charlas y las riñas. Cuando nos cansábamos de correr bajo los soportales, acudíamos al asiento fresco de los escalones. No recuerdo cuanto tiempo transcurría hasta que volvíamos a lanzarnos a las sudorosas carreras o a otros tejemanejes entre los pilares que sustentaban el edificio.

En esas columnas también se jugaba. Las niñas ponían una goma sujeta a dos de ellas, evitando así tener que figurar ellas mismas como postes. Algunas conseguían hacer y deshacer con éxito el lío tremendo que armaban entre el elástico y sus piernas. Y los niños nos dedicábamos a subirlo tan alto que, después, ni ellas ni tampoco nosotros éramos capaces de hacerlo descender para recogerlo.

Los gritos, los lloros, los éxitos... todo sucedía bajo techo. Sabíamos que salir de la sombra no convenía.

miércoles, 2 de mayo de 2012

Nudo roto



Su brillo se desmenuza
como polvo de roca.
Se desintegra.
De tanta fuerza.
Fría sed.

Nunca fue rígido,
inmune o diamantino.
Guardaba el pulso
que reanima las cosas.
Era la esencia, el motor.
Generaba las suertes,
los desmanes.

Se contenía en sí mismo.
Y en el mundo todo.

Esfera de poder,
fuente de convicción,
de los hechos sin demora.
De lo preciso y cardinal.

Germen de los cuerpos,
los números,
las letras.
Una gramática entera.

Corazón de frágil mecánica
torturado en sus paredes,
sumergido en un plasma
del que no podrá vivir:
Ese medio no fluido
que desata corrientes,
vectores inversos
de energía desmedida,
la estricta pulsión maquinal
de los duelos que rompen ejes.

Tensas las fibras,
se clavan cual agujas.
Sus flechas delgadas
quiebran la pátina
de una canica recia
con núcleo de crema.

sábado, 28 de abril de 2012

Ruin pregonero

¿Quieres que conozcan lo que piensas? Contagiar el virus de la sabandija, lastrar el vuelo de las ideas con piedras de bajeza y arañar la superficie pulida de la cultura con tus uñas podridas. ¿Lo quieres?

Hazle un retrato al horror que eres, enmárcalo en plata vieja y exponlo en un vertedero. La imagen del recadero no habrá encontrado un lugar más ajustado al recado.

Fotocopia tus miserias, centuplícalas, comprueba que mantienen su peor calidad. Si te gustas en ellas, añádeles tu hiel y lánzalas al aire. Por supuesto, lo viciarás. De no ser así, arrúgalas en pelotas infectas y arrójalas a una papelera.

Graba palabras inmundas recitando lo más zafio y reprodúcelas en un bucle eterno que se derrame por las cloacas y acabe desaguando en una charca ponzoñosa.

Estampa mil carteles con tu mensaje torpe y vil, desperdicio de tinta que tatúe el muro y lo traspase.

Redacta tu despreciable visión de las cosas. Versiónala en infamias y publícala con tufos de verdad.

Será tu verdad. No dudes que tendrás a quienes la crean.

viernes, 20 de abril de 2012

Escenas

En un andén, carcomidos por el sueño, unos cuantos hacen tiempo. Seis minutos para el último tren. La mitad de los alineados palpan, acarician, pasan las yemas de sus dedos de un lado al otro de diversas pantallitas, dislocadas las cervicales.

Una mujer de edad mediana lee entre bostezos como pompas de jabón las páginas de un manual de academia. ¿Capricho sin más, requisito imprescindible para el trabajo anhelado o reciclaje para una currante con fecha de caducidad? Formación para el empleo, reza la portada.

Una chica muestra un catálogo de moda a sus amigas. Venga, niñas, hablemos de negocios, dice con ecos que rebotan acá y allá. Ellas escudriñan el librillo, se detienen en alguna foto, la comentan. Qué mono este, ¿no?

Dos chavales trajeados portan sendas carpetas transparentes. Uno tiene la suya bajo el brazo, como una barra de pan. El otro, sentado, apoya los antebrazos en la otra, que descansa sobre sus muslos. No hay secretos: el curriculum vitae de ambos expone bajo una foto lo que buscan y, quizás también, lo que son.

Tres señores llegan vistiendo camiseta verde a favor de una educación pública para tod@s. Se sientan junto a una mujer que inspecciona la portada de un periódico gratuito: la disculpa pueril de un rey que se dedica a las cacerías de elefantes mientras en España el gobierno recorta todos los presupuestos menos el del susodicho y su familia. ¡La buena educación debería vestirse de verde a diario!

En las paredes, carteleras vacías a falta de campañas publicitarias. Algunas, muy pocas, aguardan la rotación de anuncios. El que promociona la última de Clooney, Los descendientes, parece disecado desde enero. Las máquinas expendedoras de bebidas y snacks rebosan de contenido y el ruido del cobre chocando contra el fondo de sus cajetines se hace de rogar.

Un tren reducido a la mínima expresión, mermado a esta hora tardía, se anuncia con su luz frontal. Podría llamarlo gusanito.

miércoles, 11 de abril de 2012

Fotografías de Gervasio Sánchez


Calle Embajadores, 53. Madrid. Pocos entrarían al edificio abandonado de La Tabacalera de Lavapiés si no hubiera un buen motivo. Un lugar tan frío y desangelado no incita a recorrer sus galerías, salvo para experimentar un buen pellizco en la conciencia. Y una morzada sobre los cuchicheos vagos, irreflexivos, automáticos, que tantas veces nos entretienen mientras visitamos muestras cuyos contenidos se centran en la mera estética o en la vanidad.

Esta exposición antológica que recorre 25 años de profesión de Gervasio Sánchez recoge escenas de lugares en guerra. Enviado por los medios periodísticos para los que ha trabajado, el fotógrafo se ha ido formando sobre el terreno y encontrado la línea más adecuada para tender un mensaje entre los protagonistas de lo acaecido y el lejano observador. Unos, víctimas inocentes en su mayoría, involuntarios objetos del horror. El otro, un ser al que algo se le revuelve por dentro, a pesar de su cómoda existencia.

Gervasio Sánchez aprovecha aquí para homenajear a sus amigos y compañeros fotógrafos, fallecidos en lugares en conflicto mientras ejercían su profesión. También desea denunciar con sus imágenes las injusticias de un mundo cada vez más terrible. Centroamérica, Balcanes, Afganistán, Ruanda y muchas otras guerras de las que capta momentos sobrecogedores y crueles, gritos sordos, llantos secos y esperas yermas a lo largo de vidas precarias. Pero también hay esperanza, esfuerzos de superación, el hoy construido sobre cascotes.

Fotografías para la reflexión. Un toque de atención sobre qué estamos haciendo para que en el mundo la barbarie no acabe.

lunes, 26 de marzo de 2012

La niña y sus juguetes

El servicio de correos acaba de dejar el aviso de llegada de otro paquete. ¡Qué ilusión tan grande! ¡Un pedazo más de su nostalgia! La alegría le llena el estómago, se desborda hacia su rostro como el vino espumoso y la hace sonreír igual que cuando miraba a aquel fotógrafo a sus cinco años, ingenua, crédula, para comérsela.

Quiere volver a jugar, acompañarse de las mismas cosas con las que compartió sus mejores ratos cuando era niña. ¡Ah, otra muñeca... su muñeca! Loca de contenta, ya imagina que le vendrán bien los vestiditos que conserva en una caja repleta de tesoros. Les pertenecieron a otras muñecas que, cuando fue haciéndose mayor, acabó dando a otra niña que hoy ni siquiera recuerda qué fue de ellas.

Flor de Loto, la Negrita del Cafetal, Ninfa,... son sus viejas amigas, con quienes hoy se reúne después de veinte años. Les contaría muchas cosas de su vida, de su trabajo, de sus amores, desvelos y alegrías. Pero sabe que no han vuelto para eso. ¡Están aquí otra vez para jugar! Una corriente de colores saca de su pecho una gran pompa de cosquillas y risas.

Por ahi, los cacharritos, los muebles, la trona, las bañeritas... Por aquí, la casita del bosque. La recordaba algo más grande, ¿no? Tal vez sea el paso del tiempo y su intervención en el recuerdo. La abre como si fuera un libro y expone sus dos mitades esperando llenarlas de vida. Es una seta con el interior repartido en dos plantas, con sus barandillas y su chimenea. Atiza el fuego con una palita y pone dos ollas a hervir. ¡Hmmm, esto ya empieza a oler bien! La niña coloca una pequeña valla en el jardín de la casita y dispone sobre el césped una mesa con sillas en forma de flores y verdes hojas.

Y aún le esperan muchas sorpresas. La carroza del bosque se desliza remolcada por un enorme gusano amarillo, quedando dispuesta para que ella ocupe una plaza. Cuando se acomoda en su asiento, le llega a los oídos el sonoro borboteo que surge de las aguas que imagina cerca. Neptuno, con corona y tridente dorados, emerge del océano dirigiendo a los dos caballitos de mar que tiran de su carro. Cuando llega frente a ella, suelta las riendas de oleaje, saluda alegremente y, con su gesto festivo, la invita otra vez a gozar.

martes, 20 de marzo de 2012

EVA

A juzgar por la foto está claro que no quiero decir nada sobre Adán y su chica -tan poco vestidos, los pobres, en ese lugar invernal no habrían aguantado ni lo que se tarda en darle un mordisco a su manzana-. Es sólo que estoy encantado de haber visto una película de la que ya tenía buenas referencias pero que, como otras, dejé pasar hace meses.

Llegará el día en que los robots nos sorprenderán por su humanidad. Dentro del terreno de la inteligencia artificial aún hay mucho camino por recorrer. En EVA se aborda este asunto y se esboza alguno de los derroteros por los que podría marchar. Situada en un hipotético 2041, enmarcada en un lugar de fríos y nevados inviernos, y con estética retro, la película relaciona tecnología y emociones en una atmósfera rica y marcada.

A pesar de cierta previsibilidad en algunos acontecimientos -no sé si buscada-, me gusta que la ciencia ficción esté tan ligada a los sentimientos y que la historia ahonde en ellos, tanto humanos como robóticos. La dirección del novel Kike Maíllo me ha sorprendido por su elegancia y precisión. Disfruto del guión por su tremenda calidad, y de los actores, incluida la niña protagonista, que sobresalen entre los innumerables efectos especiales, realmente logrados. Admirable la posproducción digital, tal vez la mejor que se haya visto en el cine español hasta hoy.

Quizás esta no sea la clase de producción grandilocuente comparable a A.I. de Spielberg, pero sí es una película arriesgada e imaginativa. Animo a quienes no la han visto aún a que no se la pierdan.

jueves, 15 de marzo de 2012

La FSO y John Williams

¿Música de John Williams interpretada por una orquesta sinfónica? Raras veces se tiene la oportunidad de asistir a un concierto de esas características. Ayer, sin embargo, ocurrió.

Entregados de antemano, llevábamos la cabeza y el espíritu llenos de las melodías del neoyorkino. El gran reto para la Film Symphony Orchestra era atinar a encajar su interpretación de las partituras de Williams en la pauta que cada uno iba dispuesto a ejecutar en su propia mente. Tantas escuchas de la música de nuestras vidas son una competencia durísima para un director y sus setenta profesores. Aun así, todos ellos y Constantino Martínez-Orts, alma máter e impulsor de este proyecto de orquesta española dedicada a la música de cine, consiguieron el más difícil todavía. Y lo hicieron en el Auditorio Nacional de Música de Madrid.

John Williams, que hace poco más de un mes celebró su 80 cumpleaños, siempre estará ligado al cine de aventuras, a Spielberg o a La Guerra de las Galaxias. Le conocemos por sus maravillosas bandas sonoras, pero ha dedicado mucho tiempo a otros trabajos sinfónicos que le sitúan entre los mejores compositores del último medio siglo. Comenzó su carrera colaborando con grandes como Waxman, Herrmann y Steiner. Es evidente que dejaron poso en su manera de orquestar, aunque Williams haya ido sobresaliendo con sus fraseos inconfundibles y su timbre característico. Ahora es él quien impregna de sus clichés la música de otros creadores.

Ayer, dentro de la gira que lleva a la FSO por toda España durante este mes, se produjeron varios momentos mágicos. Por mi parte, volví a sentir esa indescriptible sensación de irrealidad que suele atraparme en las ocasiones especiales, ya sea ópera, cine, teatro o música.

En Las cenizas de Ángela consiguieron momentos de emotividad y profundidad fantásticas, y el piano brilló con toda la languidez y elegancia del tema principal. El clarinete solista de La Terminal transmitió la ingenuidad y el desamparo de Viktor Navorski, arropado por la asistencia ajustada de la orquesta. La lista de Schindler y su complejidad melódica encontraron en la interpretación de Remembrances un espejo en el cual podrían verse reflejados el mismísimo Itzhak Perlman y The Boston Symphony Orchestra. ¿Qué decir de Tiburón? Vibrante, sobrecogedora, de sincronía esmerada, con una labor soberbia de la percusión, contrabajos y metales. Los mismos metales (trompas, trombones, trompetas) se exhibieron brillantísimos en Superman y en otras piezas. Son esenciales en la música de Williams.

Espero que Martínez-Orts, dedicado además a la composición, logre que la FSO comience a grabar las magníficas composiciones que se están haciendo para el cine en este país. Ahora los autores y productores suelen marcharse a Praga, Bratislava, a Kiev,... para registrar la música que acompañará a las películas. Sin embargo, siempre que se les ofrezca buena calidad y precios accesibles, existirá la posibilidad de que lo hagan aquí. Ahí está el reto.

Mientras escribo esto, escucho Memorias de una Geisha, otro de los mejores trabajos de John Williams y, al parecer, el único para el cual él mismo llegó a ofrecer sus servicios. Lo habitual siempre ha sido que lo reclamasen a él... Es lo que tienen los grandes genios.


miércoles, 29 de febrero de 2012

Il barbiere y Rossini

Hoy día es posible disfrutar de la ópera en directo a un precio bastante asequible. Hablo de Madrid y más concretamente del Teatro Real. Para conseguir esas entradas hay que estar muy pendiente "de horarios y fechas en el calendario", aparte de hacer un esfuerzo, yendo a la taquilla a horas poco usuales para esos menesteres.

Hace unos cuantos años esto no era así. Para mí fue una alegría enorme poder permitirme una plaza en la Ópera de Viena (la Staatsoper), allá por 2002. Una tarde me pasé por el teatro y vi que se vendían tickets de última hora para quienes quisieran asistir a la función de pie. ¿De pie? ¡Qué demonios, es El barbero de Sevilla!, pensé, ¡por ese precio me atrevo a verla incluso haciendo el pino!

Aquello fue más cómodo de lo que imaginaba y pude disfrutar de la obra desde una posición centrada y a nivel del escenario. La había escuchado varias veces en CD y algunos de sus pasajes han sido siempre de mis favoritos. Es sorprendente que Rossini la compusiera y ensayase, no sin contratiempos, en tan sólo mes y medio, y a contrarreloj, pues la temporada de ópera en Roma tenía que acabar con el último día del Carnaval.

Lo cierto es que el estreno -con caídas de algunos cantantes, la rotura de una cuerda de la guitarra del tenor y la intervención de un gato negro que cruzó el escenario de un lado a otro- fue un fracaso estrepitoso. Pero su autor tuvo los reflejos suficientes como para hacer algunos cambios en la partitura y, por suerte, la siguiente función fue un éxito. Aunque Rossini era muy criticado por ser demasiado moderno y atrevido, aparte de por su juventud, para algunos insultante, muchos le reconocieron su genialidad y el Barbero ha quedado para la posteridad.

El propio Gioachino Rossini también pasó a ella junto al hecho curioso de que en los últimos 40 años de su vida no volviera a componer ninguna ópera más. Hoy se conmemoran los 220 años de su nacimiento.

lunes, 27 de febrero de 2012

Gran cine

Los oscars tienen toda la relevancia que se les quiera dar. La gran industria que riega el planeta de cultura, imaginario y doctrina se regala una fiesta anual en la que se exhibe y realimenta. Mantiene así su presencia en el mundo y se ensalza para su mayor rédito comercial.

Hace unas horas ha concluido la ceremonia de entrega de los premios de Hollywood y esta vez, por suerte, sus dadores se han recreado en el cine, ¡menos mal! Parece que de vez en cuando a la "Academia" le apetece divertirse y pensar en el público desde el lado más recreativo de la "cosa". Premiando a The artist han demostrado sensibilidad hacia la nostalgia y el oficio de los grandes maestros, así como hacia la libertad de sus creadores, quienes se empeñaron en llevar adelante esta historia sí o sí.


Jean Dujardin y Bérénice Bejo brillan como pocos en un nada frecuente blanco y negro -no muchos lo consiguieron con tantos destellos en la era muda o de transición al sonoro-. La música de Ludovic Bource es bellísima y vibrante, un sueño lleno de matices. Guillaume Schiffman, encargado de una fotografía deliciosa, consigue reproducir algo que ya nadie espera encontrarse en una pantalla grande. Y su director y guionista, Michel Hazanavicius, se encarama de un tremendo salto a lo más alto del mundo de la creación.

Con esta película tan grande y arriesgada hoy Hollywood ha homenajeado al cine en sí mismo y al oficio artesano que aún todos valoramos.

jueves, 9 de febrero de 2012

Carta de María Garzón

Esta carta está dirigida a todos aquellos que hoy brindarán con champán por la inhabilitación de Baltasar Garzón.

A ustedes, que durante años han vertido insultos y mentiras; a ustedes, que por fin hoy han alcanzado su meta, conseguido su trofeo.

A todos ustedes les diré que jamás nos harán bajar la cabeza, que nunca derramaremos una sola lágrima por su culpa. No les daremos ese gusto.

Nos han tocado, pero no hundido; y lejos de hacernos perder la fe en esta sociedad nos han dado más fuerza para seguir luchando por un mundo en el que la Justicia sea auténtica, sin sectarismos, sin estar guiada por envidias; por acuerdos de pasillo.

Una Justicia que respeta a las víctimas, que aplica la ley sin miedo a las represalias. Una Justicia de verdad, en la que me han enseñado a creer desde que nací y que deseo que mi hija, que hoy corretea ajena a todo, conozca y aprenda a querer, a pesar de que ahora haya sido mermada. Un paso atrás que ustedes achacan a Baltasar pero que no es más que el reflejo de su propia condición.

Pero sobre todo, les deseo que este golpe, que ustedes han voceado desde hace años, no se vuelva en contra de nuestra sociedad, por las graves consecuencias que la jurisprudencia sembrada pueda tener.

Ustedes hoy brindarán con champán, pero nosotros lo haremos juntos, cada noche, porque sabemos que mi padre es inocente y que nuestra conciencia SÍ está tranquila.

Madrid, 9 de febrero de 2012.
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María Garzón Molina es hija del juez Baltasar Garzón.

Añado: hoy es un DÍA TRISTE.